Un camino para servir

Los partidos políticos de manera constante han venido cayendo en el descrédito; lo que representan, sus acciones, son mirados con profundo recelo por una ciudadanía que observa sus querellas, su modo de actuar, y que escucha un lenguaje propio de esa actividad, como si se tratara de una profesión arcana, alejada de la cotidianeidad. Comienzan a surgir entonces otro tipo de políticos que aupados por sus apariciones en televisión, sus declaraciones altisonantes, o sus ideas conspirativas, captan la atención de un público ávido de figuras distintas, alejadas de los partidos tradicionales. El ser “independiente” pareciera que otorgara una especie de inmunidad al despropósito, a la insulsez o la deshonestidad, y por el contrario, el sólo hecho de no pertenecer a una colectividad política, lo ungiera de la virtudes necesarias para ejercer en el ámbito público, sin mayor examen de sus competencias y cualidades personales. Algunos más, otros menos y honrosas excepciones, muchos que forman parte del mundo político, se han ido separando de manera alarmante de las ocupaciones y preocupaciones de la gente, y para suplir este gran déficit, aparece entonces la demagogia, que por antigua no está menos vigente, que es agitar las esperanzas e ilusiones de un pueblo necesitado de creer en algo o en alguien, pues pareciera que buena parte a su alrededor se está derrumbando. Alguien que “endulce los oídos” de los electores, que discursea sólo desde las buenas intenciones, sin asidero en los hechos o la posibilidad fáctica de realizar lo que tan alegremente propala. Modernamente aparecen los populismos que emparentado con lo demagogia, divide a la sociedad en buenos y malos, que blande ideas conspirativas para traer agua a su molino, a la orilla de los “buenos”, donde por supuesto se encuentra el personaje. Vemos que nuestro país no es ajeno a este fenómeno mundial, que se ha enquistado con especial virulencia en Latinoamérica, donde abundan los poseedores de la verdad casi revelada. Populistas y demagogos pululan con tranquilidad por la política nacional, reprendiendo con severidad en nombre del pueblo que les eligió, a quienes con sensatez y mirando el futuro, proponen caminos moderados y especialmente, caminos fraguados en el sentido común. Son ellos el blanco predilecto de quienes con un voluntarismo que parece sin límites, lapidan mediáticamente a quienes se oponen con argumentos técnicos y políticos a sus propuestas que hoy son aplaudidas por espectadores tan precisados de esperanzas y soluciones concretas. Se olvida porfiadamente que la política es un camino para servir al prójimo, un camino plagado de sinsabores, pero que vale la pena transitarlo si con ello nuestros conciudadanos pueden lograr una mejor vida en esta tierra. “No se humilla quien ruega en nombre de la Patria”, declaraba el ex Presidente Eduardo Frei Montalva al asumir su cargo ante el Congreso Nacional. Por su parte, el fundador de la UDI, el martirizado Jaime Guzmán Errázuriz pensaba con la claridad de pensamiento que le caracterizó, que la UDI es camino para servir a Chile. Distintos momentos históricos y distintos hombres para un mismo propósito, que es ponerse al servicio del país desde la política, con sentido de rectitud y anteponiendo los intereses de la Patria por sobre el interés de un grupo, de una ideología o de organismos extranjeros que poco tienen que ver con nuestra idiosincrasia. A la política se ingresa para hacer de Chile una mejor nación, y no para enriquecerse o lograr privilegios que de otra forma no se tendrían.

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