Probablemente la sequía que afrontaba gran parte del país era un llamado de atención. Seguramente los ríos y manantiales que ya no mostraban caudales se puede mostrar gráficamente como un símbolo de la desigualdad nacional, donde unos pocos, se quedan con el agua de todos… ¿se entiende la analogía o no?
Me explico: Hace ya más de un año, justo antes de este estallido social, veíamos en los medios al Ministro de Agricultura defendiendo un proyecto que iba a beneficiar a perpetuidad a quienes poseían derechos de agua, que son muy pocos, en desmedro de cientos de campesinos, trabajadores de la tierra y la población en general. Bueno, adivine quién era parte de esos pocos privilegiados que tenían derecho a agua. Sí, el mismo Ministro que defendía el proyecto. Adivinen qué pasó cuando se intentó a través del senado, que el agua sea un derecho para todos los chilenos, nada, a pesar de que una mayoría votó favorablemente, los cuórum elevados no lo permitieron.
El apruebo de una nueva constitución tiene sentidas demandas que la gente tenía reprimida, que las aceptaba casi “porque es lo que le tocó no más”, hasta que la sociedad se hastió. Yo recuerdo, cuando era un niño, que se decía que el jubilado iba a la plaza a leer el diario y darles comida a las palomas, porque, como no tenía mayores preocupaciones, ese era un pasatiempo que se ajustaba. No saben cómo me gustaría hoy ver a los viejos tirándole migas de pan a los pájaros y no cargando con la limpieza de las calles, llevando carretillas, trabajando en la construcción o en cualquier lugar que les pueda ayudar a ganar unos pocos pesos para subsistir.
El jubilado ya no puede esperar, pero tampoco el estudiante. No puede esperar el trabajador con sueldos de miseria. La nación que vivimos durante los últimos años, de la misma que el Presidente hablara unos días previos a la revuelta, no era más que un espejismo.
Cuesta entender el cómo llegamos a esto, cómo no fuimos capaces todos como sociedad de exigir antes nuestros derechos y revelarnos ante los abusos que ya eran burdos, como, por ejemplo, que evasores millonarios de impuestos asistan a clases de ética mientras un cabro muere calcinado en el incendio de la cárcel de San Miguel de Santiago por vender discos piratas.
De esto no se escapa la política. Durante años quisimos creer que la corrupción era de otros lados, pasando la cordillera e internándose en la Amazona. Pero no, la teníamos acá, frente a nuestros ojos. Subsecretarios, Senadores, Diputados, Alcaldes, etcétera.
Mientras nuestras gentes veían por la televisión cómo las farmacias se coludían para meternos la mano al bolsillo; cómo el papel confort literalmente “nos cagaba” y su principal rostro volvía a la presidencia de uno de los clubes deportivos más importantes del país como si nada hubiese pasado; y, así, con muchos los episodios que han ido marcando el termómetro popular que terminó por estallar.
La frase de que Chile cambió y de que este país no es el mismo después de estos acontecimientos, sólo espero que sea real y no un espejismo que nos brinda el oasis al final del desierto. Por el bien de mi comuna, región y país, sólo espero que la sed y la nebulosa, no lo haga seguir tomando las decisiones erradas.