Un nuevo ciclo, nuevos desafíos

No
importa como se envuelva la realidad, con qué tipo de pintura se quiera
cubrir, con que propaganda se pretenda inmortalizar, lo bueno y lo malo
será identificado para bien o para mal de sus ejecutores y eso lo hará
la conciencia social. No faltarán los que pretenderán levantar
monumentos o beatificarlo y otros buscarán en las fosas abisales el
lugar donde enterrarlo. Lo importante es la ciudadanía y no la persona, a
pesar de que hasta en la despedida quiso elevarse más arriba de la
Virgen del Cerro San Cristóbal.

La
pandemia sigue, en una mal llamada “Batalla de Santiago”, donde se
buscó incansablemente posicionar un aspecto bélico, casi suicida de una
situación invaluable e intratable. Ni en l
a
batalla de Stalingrado había habido tanta desarticulación de datos,
toma de decisiones y motivos tan obtusos y oscuros. Mientras la
población estaba cayendo, la fórmula de enfrentar el tema estaba en otro
mundo, en otro escritorio, en otra agenda.

Ver
los primeros capítulos de la serie Chernobil, nos identifica con esto.
Nos lleva a pensar que, en todas las épocas, en todos los regímenes y,
cual sea la historia de vida de los que aparecen como líderes, siempre
hay un interés de esconder la realidad, esconderse tras de ella, de
ocultarla, de no medir consecuencias a pesar de que juren que lo están
haciendo y que ponen el máximo empeño en ello. Negarse a ver la realidad
o a aceptarla llega a ser una patología que ya, la humanidad, la ha
visto en numerosas ocasiones y siempre ha salido mal parada.

Las
nuevas autoridades deben entender (y no dudamos que así será) que este
problema es inmanejable si no hay confianza entre todos, si no nos
miramos las caras y no nos sacamos la máscara para que la comunidad crea
y se dé cuenta de la gravedad de la situación. No hay recetas mágicas
ni políticas probadas porque esto es nue
vo.
Lo que necesita la comunidad es que la autoridad le de confianza y que
si se cometen errores estos sean reconocidos y no negados, barnizados,
parchados o arreglados hasta la saciedad para negar su existencia. Un
rostro amable, cercano, generoso y enérgico sin duda despertará a
quienes se mantienen en el limbo y enardecerá con mayor energía a los
que cumplimos con todas las medidas impuestas.

Hay
que recuperar el tremendo descrédito y el daño que esto hizo a la gente
común y corriente y eso es urgente si queremos rearmar lo que queda de
nuestro país.

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