Un nuevo escudero

La
dupla Piñera-Mañalich intentó desde un principio posicionarse como
exitosa y triunfalista. Se autoevaluaban ganadores, con reconocimiento
internacional. Durante dos meses, y solo cuando el número de contagiados
eran pocos y aún era posible medir la trazabilidad de los contagiados,
la dupla Piñera-Mañalich insistió en el exitismo a tal punto de hacer un
llamado a retomar funciones presenciales, con retorno a clases
incluido, en ese mundo paralelo llamado “nueva normalidad”.

La
estrategia sanitaria de la dupla Piñera-Mañalich era además política y
buscaba a toda costa presentar un Gobierno exitoso, creíble y protector,
que les permitiera subir las cifras de reconocimiento ciudadano que
llegaron apenas a un 6%, unos días antes de la pandemia

La
estrategia además plantea la tesis que el triunfo era exclusivamente de
ellos y los fracasos del mal comportamiento de la ciudadanía o de
cualquier otro actor. Por tanto, no se aceptaba colaboración ni
sugerencias. De esta forma se relegó la participación del Colegio Médico
a la Mesa Social, se descartaron las sugerencias de la Sociedad de
Epidemiología y se desacreditó cualquier aporte de especialista que
cuestionara las cifras o diera otro punto de vista a la estrategia. De
esta forma muchos prefirieron apartarse de la Mesa Social ante la falta
de diálogo efectivo y la tozudez del ministro.

Cuando
“todos los modelos con que se había seducido se habían derrumbado”,
cuando la batalla de Santiago se pierde, cuando se navega a ciegas, y
las cifras sanitarias y sociales de la pandemia dejan mal parado al
Gobierno, se hacía evidente que el escudero duraría poco. Pero como fiel
escudero reaccionó y volvió al plan original insistiendo que algunas
regiones podían volver a la “
nueva
normalidad” y retomando el plan original se mantuvo en el cargo y se
levantó orgulloso al salvarse del cambio de gabinete de hace apenas 10
días.

Entonces
¿qué cambió en pocos días? Espacio Público retoma la denuncia de
Alejandra Matus y con más datos y análisis vuelven a plantear que la
cifra de fallecidos es superior a la declarada oficialmente por el
Gobierno. Los hospitales colapsan, la mortalidad crece exponencialmente y
compatriotas mueren sin atención en sus casas. Mañalich intenta una vez
más enredar y manipular las cifras de fallecidos, pero la realidad
desborda por todos lados. Los apoyos se acaban, los cuestionamientos
crecen y la imagen del Gobierno se vuelve a deteriorar. Los presidentes
de oposición piden en conjunto la renuncia del Ministro y Ciper Chile da
el remate final al exponer el doble reporte de fallecidos por parte del
Minsal. La última carta del castillo de naipes que era el control de la
tasa de mortalidad termina por caer y la subsecretaria debe reconocer
que el número de fallecidos es casi el doble de lo reportado
oficialmente.

Con
la crisis sanitaria sin control en Chile, el Presidente opta por
cambiar al escudero, evitando una vez más evadir responsabilidades. Del
nuevo escudero no hay mucho que esperar ya que su vocación es la misma.
Ha sido un fiel seguidor de la estrategia sanitaria y en su primera
declaración hace un llamado a colaborar al Colegio Médico y otras
organizaciones profesionales, sin reconocer que ha sido el Gobierno y
Ministerio de Salud quienes han rechazado y marginado su aporte.

Se
requiere con urgencia cambiar de rumbo y sumar todas las capacidades y
visiones en la contención de la pandemia. Se requieren datos precisos y
disponibles en tiempos cortos y oportunos, que nos permitan cuantificar
la dimensión real del problema y tomar las decisiones más adecuadas. No
necesitamos un nuevo escudero, Chile requiere un líder, alguien que
integre y tome decisiones sanitarias claras, eficaces y oportunas, y las
sobreponga ante cualquier otra presión. Un líder que nos quite la
triste sensación q
ue el Gobierno oculta, enreda y manipula la realidad.

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