Un tiempo perdido

Se ha iniciado el
desgaste temporal del mes de agosto, el octavo mes del año y
tradicionalmente puesto como barrera a superar por quienes actualmente
pertenecemos a la Generación Silenciosa y por los pocos que quedan de la
Generación GI., y nos encontramos inmersos aún en la brumosa condición
que impone la aún vigorosa Pandemia, entremezclada lastimosamente con
las realidades y distanciamientos sociales que, justamente, aquellas
generaciones contribuyeron ingenuamente a levantar. El resultado final,
mirado desde este mes de agosto, es que sobre el futuro o incluso sobre
los próximos escasos 4 meses que restan para culminar el año, es de
mucha o casi total incertidumbre para la mayoría de los/las
ciudadanos(as). Este ambiente poco predecible abarca desde planos como
el de la educación, inéditamente aplicable a todos sus niveles de
acción, hasta la formulación de programas de desarrollo científico y
tecnológico. Quizás el más ambiguo, pero ala vez relevante para el 80%
de la población por la incidencia directa en sus modos y estilos de vida
adoptados, resulte ser el del plano económico, salarial y laboral.
Desafortunadamente, de éste plano desigual depende en gran medida sino
en toda, las posibilidades que estamos dejando para
una
desafiante descendencia que la sociología denomina Generación Z o post
milénica. Esta generación, producto de nuestros propios modelos de
desarrollo y de crecimiento individualista, está mirando, a través de
sus “Smartphone”, de sus redes sociales y app, nuestro modo de enfrentar
los desafíos que impone la incertidumbre generalizada y la forma como
estamos dejando, a modo de herencia, el ordenamiento del sistema
socio-cultural (pandemia incluida) y el estado del sistema natural, la
base de sustentación para su futuro próximo y que, sin dudas, está muy
cercano. La discusión y grandes debates acerca de ese futuro pareciera
que no está considerando el desafío que implica tener a un grupo
generacional, nuestros hijos/hijas, más autosuficiente, autodidacta en
grandes temas y muy preparado debido a la época de inseguridad laboral,
de crisis económica y extremada competencia en la cual han crecido.
Estamos, por el contrario, centrados en la búsqueda de soluciones a
problemas generados por nuestros propios errores (y aciertos), buscando
un tiempo perdido que, ciertamente, no volverá a repetirse y que provoca
la necesidad de nuevas, diversas e inclusivas opciones a fin de lograr
una capacidad de diálogo fraterna y tolerante, conducente a la
superación progresiva de las condiciones, claramente indeseables, que se
producen en lo
cotidiano del quehacer de
la humanidad. Sin esta vuelta al desarrollo de la capacidad reflexiva
del ser, se distancia la real condición humana y se corre el riesgo de
perder nuestra libertad plena, aumentando la brecha entre las
generaciones que ocupan el espacio y el tiempo, aquí y ahora. Los
diálogos inter generacionales deberían requerir de principios y valores
éticos que apunten a seguir pensando en contribuir a la felicidad de los
ciudadanos, al intercambio de ideas, ala libre discusión de las leyes,
al respeto por las artes y por la educación. En suma, a seguir pensando
en la legitima aspiración a la igualdad, libertad y fraternidad.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS