La
televisión y otros medios nos bombardean con la pandemia del Covid-19 y
sus efectos. Los árboles a menudo no dejan ver el bosque, y la gran
mayoría pasa por alto los enormes cambios y movimientos políticos que el
virus genera, y lo político incluye lo económico, social, cultural.
Todas las pandemias sufridas en la historia humana han dejado profundas
huellas y cambios, siempre hay un antes y un después. A nivel mundial,
el conflicto entre EE.UU. y China sigue en aumento, y son varios los
dedos acusadores hacia la potencia asiática, la cual con un enorme
despliegue diplomático trata de lavar su imagen dañada. Estados Unidos
tiene muy claro que no es casualidad sea el país mas infectado del
planeta, por un virus que demuestra su artificialidad simplemente por
ser inmune a los cambios estacionales y a los climas, además de su
altísimo nivel de contagio. El indisimulado interés de China por dejar
de operar con el dólar americano e introducir monedas virtuales en
operaciones comerciales podría generar un conflicto bastante mas
caliente que hasta ahora porque en medio de una crisis económica mundial
amenaza hasta la posibilidad de una reconstrucción de las economías
cada día más dañadas por el cierre y paralización del mundo como hasta
ahora lo entendíamos, además de vulnerar los tratados internacionales
vigentes. Es que parece esa es ya la tónica, en medio de una guerra
mundial en ascenso nada se respeta. Por ejemplo, ¿sabia ud. que la
principal dificultad para obtener insumos médicos como respiradores y
otros son las escalas técnicas de aviones? En varios países han sufrido
confiscaciones al menos parciales, lo cual importa aunque nadie lo dice,
un acto de verdadera piratería. Por otro lado, hay interesados en
conceptualizar esta pandemia como demostración del “fracaso” del
capitalismo, o neoliberalismo, pretextando que la única salida posible
es a través de una organización mundial única o de subordinación de los
estados nacionales, el “globalismo” propugnado por la ONU. Sin duda
alguna el debate en los meses y años siguientes será en si la única
respuesta posible es la del Estado salvador, el mercado que segrega y
otros eslogans. Incluso aquí algunos conspicuos miembros del
bacheletismo (un poder transversal en la izquierda) niegan que será la
iniciativa privada la que levantara la economía regional, ellos creen
que será el Estado. Y el esquema globalista se esta imponiendo. Se acusa
al gobierno y su sector, Lavin incluido, de haber pecado de optimismo
ingenuo con la nueva normalidad, el retorno seguro y la reapertura
fallida de malls, pero nadie dice que en conjunto, izquierda y derecha
votaron aplazar el plebiscito constituyente y reunir en apenas en un año
seis actos electorales, como si sanitaria y económicamente el país
fuere a estar en condiciones de hacerlo. Ahí si que el optimismo es
compartido entre la ambición, el egoísmo y la estupidez. Ahora tras
bambalinas se teje un nuevo acuerdo constitucional en que uno de los
sacrificios seria el tribunal constitucional pero también la institución
del gobernador regional, figura que incomoda a muchos sobre todo a los
globalistas. Un pais como Chile necesariamente solo puede controlarse si
es centralista, se prohíbe la competencia de regiones. Lo cierto hasta
ahora, es que el país cada día se convence más que la clase política que
tenemos transversalmente es lo peor en medio siglo, deplorable, dan
vergüenza, todos y solo tratan de salvarse a ellos mismos, extender sus
cargos, en un país que es cada día más pobre, más inseguro, menos
competitivo a nivel mundial, menos dueño de su propio destino,
intervenido por la ONU e incapaz de tomar decisiones serias y propias.