Una alternativa coherente

La
aprobación en el Congreso Nacional del retiro del 10% de los fondos
previsionales de cada persona, debiera ser tomada en este tiempo, como
un punto de inflexión en la derecha chilena. Los errores
comunicacionales; las diatribas cruzadas entre personeros de la misma
coalición; la amenaza de procesos disciplinarios; en fin, la confusión
vista en esos días, debe hacer reflexionar a este importante sector
político. Una señal de cambio fue precisamente el ingreso de nuevos
Ministros de Estado al gobierno, poseedores de una vasta experiencia
política y de vida partidaria.

A
la vuelta de la esquina está el plebiscito constitucional, que da el
pistoletazo a una larga tanda de eventos eleccionarios. De cara a todos
ellos, se precisa una aguda mirada al sentir y pensar de la ciudadanía,
que abomina de la violencia y de la ingobernabilidad, que es
precisamente lo exhibido por el gobierno nacional a partir de octubre
del año pasado y que de alguna manera, luego de iniciada la pandemia, se
ha ido manteniendo en diversos grados hasta el día de hoy. Es de
esperar, y así se ha vislumbrado en estos días desde el cambio de
gabinete, que se asiente la idea de un gobierno firme y dialogante.

La
otra cara de la medalla, abominada también por la ciudadanía, es la
tolerancia y justificaciones veladas o expresas, a la violencia desatada
y sin límites iniciada con la insurrección de octubre. La oposición no
ha podido encontrar el relato o la épica para convencer a los ciudadanos
que fue “el pueblo” cansado de “las injusticias” el que provocó la
destrucción del metro de Santiago; el que destruyó pequeños comercios;
el que dejó cesante a mucha gente, y que todo ello es sólo un accidente
en el camino que llevaría a una supuesta meta gloriosa.

Sin
embargo, es el gobierno y la coalición que la sustenta quienes deben
empoderarse de la conducción del país y escribir la agenda de la
discusión pública, algo que en el 10% se les fue absolutamente de las
manos, y que debe servir de lección. Yen este orden de ideas, la
discusión sobre el cambio o no de la Constitución es una nueva
oportunidad que debe ser tomada por los partidos de la derecha. Porque
la oposición, la izquierda chilena, encontró una ocasión de oro para
poner al país una vez más en una dicotomía de buenos contra malos; de
quienes quieren cambios versus quienes querer mantener el estatus quo;
entre “progresistas” y “conservadores”; entre el apruebo y el rechazo.
Es la misma lógica de la lucha de clases marxista llevada al terreno
constitucional.

Los
partidos de gobierno y la derecha en general para conjurar esa
dicotomía izquierdista que llevará al país a la ruina, debe ofrecerle al
conjunto de la sociedad un paquete de cambios constitucionales, con un
compromiso efectivo de ponerlas en práctica, en el menor tiempo posible,
de manera consensuada y en orden, que es todo lo contrario a lo que
quiere la oposición, que desea exacerbar la odiosidad para una supuesta
ganancia política.

 Hoy
por hoy el ideario que la derecha chilena encarna, de libertad,
progreso material, orden público, igualdad de oportunidades, respeto a
la propiedad privada, entre otros, se aviene más con la mayoría de la
sociedad. Sin embargo, recela de la complicidad por ella mostrada, por
activa o por pasiva, hacia los abusos de ciertos empresarios; las
colusiones; los privilegios odiosos; los negocios que alejados de la
ética, perjudican a los más pobres.

Existe
un relato coherente y eficaz en la derecha chilena, el que teniendo un
cable a tierra con la ciudadanía, podrá nuevamente triunfar.

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