Una fecha significativa

La rapidez de nuestro estilo de vida, dista muchísimo de la de nuestros abuelos. El solo hecho de transitar de un domicilio a otro, bajo las inclemencias del frío, viento o nieve, no era obstáculo para visitar a un familiar, un enfermo o concurrir a una celebración. En los campos magallánicos los arreos duraban semanas y trasladarse a las ciudades del norte mucho más y en un barco de lento avance y grandes sacrificios y riesgos.
Y mientras más atrás nos remontemos nos daremos cuenta que las cosas y proyectos que podían realizar eran muy pocos y limitados, además, a la corta proyección de vida. Los riesgos eran mucho mayores y la tasa de mortandad hacía que todos tuvieran en mente una corta existencia de si mismos, de sus parientes y amigos. Llegar a una determinada edad no era una ventaja, quizás una carga. La condición de “viejo” o “veterano” estaba en los 30 o 35 años y las experiencias se transformaban en pronta sabiduría para poder seguir una o dos décadas más.
Salvo Marco Polo que llegó a los 68 y una vida intensa desde los 17, Leonardo a 67, Miguel Ángel a 88, y los grandes como Newton a los 84, Copérnico a los 70, Darwin a los 73, entre muchos que hicieron sus vidas de manera relajada en sus estudios o universidades, los personajes que se desplegaron por el mundo tenían menos posibilidades de sobrevivir y menos aún de compartir con sus familias o proyectar sus genes. Magallanes vivió hasta los 41, Cleopatra a los 39, Alejandro Magno a los 33 y Lautaro a los 23 y nos queda la incógnita de todo lo que podrían haber logrado si hubieran tenido un poco más de tiempo.
Solo 18 de los iniciales 250 regresaron del viaje organizado por Magallanes. Unos más llegarían después, y en los libros de historia quedarían los nombres de los que se perdieron en el afán de la búsqueda de una quimera. En 15 días estaremos todos hablando de Magallanes y su paso por el estrecho. Algunos hablarán de “Descubrimiento”, otros de “Circunnavegación”, otros de genocidio como una bandera de lucha para forjar posturas de conflicto. Lo que no se puede olvidar es a quienes hacen el sacrificio de sus vidas en búsqueda de algo más. Son los merecedores de un reconocimiento fidedigno a pesar de aquellos que han logrado posicionar la cultura del “celebrar ¿qué?”, y que han conseguido adherentes irreflexivos “in”. Los problemas personales de formación no pueden ser elevados para dañar la historia, pues entra en contradicción pretender negar la evolución de la vida humana, la socialización y el desarrollo de la sociedad que es negar la vida propia y la de los padres y abuelos que transitaron en ese cauce.
Mucho daño ha hecho el ser humano en todas las épocas, pero debe ser visto y entendido con altura de miras para aprender y no como el grito fanático para destruir o ensuciar impunemente. Eso es simplemente talibanismo y eso ya ha sido superado y sus provocadores son tan responsables como aquellos a quienes denostan.
Conmemoremos los 500 años de esto de manera adecuada, que es la forma en que nos verá el mundo y nos reconocerá, más allá de estar en la cumbre de los contagios por el famoso Covid-19.

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