Es
increíble como nuestra patria se acerca cada día más al despeñadero,
sumida en una profunda crisis social, económica y política, que nos
lleva irremediablemente al colapso institucional, o por lo menos a un
severo retroceso respecto lo que con sangre, sudor y lágrimas habíamos
avanzado desde los años ochenta, y que nos había transformado en “la
niña bonita del barrio”.
A ello han aportado una clase política para el
olvido, porque no ha tenido grandeza de espíritu ni ha pensado en el
bien común, sino que en sus mezquinos apetitos politiqueros; pero sin
duda alguna ha contribuido significativamente un Gobierno que olvidó su
programa, que no ha demostrado capacidad alguna de liderazgo y que se
entregó sin lucha alguna ante una oposición que negó la sal y el agua
desde sus inicios.
En ese escenario, tan adverso y sin capacidad de
encontrar caminos por el bien superior de la patria, arremete la
pandemia, la cual solo vino (en un escenario politizado y profundamente
crispado) a desdibujar cualquier atisbo de búsqueda de algún camino para
encontrar soluciones; al contrario, las empeoró.
A modo de ejemplo de
lo que señalo previamente, identifico tres temas que son ejemplos de la
podredumbre institucional y de que todo va sin control alguno. 1.- La
carta del rector Oyarzo, de la UMAG, apoyando a su “coterráneo” de
izquierda dura que ingresa a la enésima candidatura levantada por la
oposición al Gobierno; con una desfachatez que no tiene parangón, la
hace a nombre de la comunidad universitaria y la hace utilizando, sin
desparpajo, un documento oficial de dicha casa de estudios superiores,
financiada con los impuestos de todos los ciudadanos de este país. Lo
espeluznante es que las dos instancias colegiadas que acompañan la
función unipersonal del rector en el devenir de la casa de estudios, la
Junta Directiva y el Consejo Académico, cierran filas para defender al
irresponsable y, más aúun, tienen la osadía de “reclamar” por supuestos
malos tratos al que justamente “maltrata” a toda la comunidad con su
desvergonzada injerencia en asuntos de la política contingente. Y todo
pasa “piola”, obvio porque es alguien de izquierda, en una universidad
tomada por la izquierda y dirigida por gente de izquierda. Pública,
gratuita y de calidad… ¡Plop!, diría Condorito, porque no le pasó nada
(la CGR lo más probable que tampoco).
2.- El Covid-19 no da tregua y
nuevamente nuestra región, cual “laboratorio viral”, inicia al parecer
una tercera ola, a pesar de que no salimos nunca de la segunda ola,
porque nunca dejamos de tener menos de 30 casos promedio diarios, como
sí lo habíamos logrado en mayo e inicios del año pasado. Para variar, lo
mismo de siempre y surge el nuevo encierro y el discurso “distractor”
de que el problema es el “aeropuerto”. Entonces, que hacen los
ciudadanos, no asumen la cuota de responsabilidad que cabe a los que
reiteradamente olvidan que mientras este virus no sea controlado,
debemos obedecer las medidas sanitarias, y por tanto se juntan, no
respetan uso de mascarillas ni la distancia física y siguen propagando
el virus. Es difícil entender que para una misma situación se siga
recurriendo a las mismas medidas que han demostrado ser inútiles. ¿Por
qué no son más creativos? Porque para aquello debiesen abandonar la
trinchera política (los que deciden y los que critican) y eso,
evidentemente, no están dispuestos a hacerlo. Así, seguimos con
interminables restricciones y una casi verdadera dictadura sanitaria que
nos ha cercenado un sinnúmero de libertades sociales e individuales.
3.- Y la guinda, vamos a un tercer retiro de los fondos de pensiones. Lo
técnico perdió en absoluto su valor. De nada vale información oficial e
indesmentible que los 4 millones de personas más vulnerables NO TIENEN
fondos para retirar. De nada sirve saber que de lo retirado, el 62% NO
HA SIDO utilizado para paliar supuesta hambre de los que retiraron. Que
si las pensiones eran menores a las esperadas, con los “retiros” serán
peores. Pero más allá de aquello, el drama fundamental es la destrucción
de uno de los soportes más importantes del exitoso modelo de desarrollo
y crecimiento que Chile pudo alcanzar en los últimos 40 años. Y eso, en
su tontera y en su imbecilidad política, un número importante de
parlamentarios de Chile Vamos aportó con sus irresponsables votos a una
destrucción que la oposición no necesitó moverse de su escritorio para
lograrlo.
El problema, lo que hicieron fue una colaboración traicionera y
cobarde, porque faltaron a los principios y a las convicciones
políticas por los cuales les elegimos, o sea ayudar a destruir una
Patria que caminaba hacia el desarrollo. Amigas y amigos he ahí, una
tríada de ejemplos tremendamente malignos y dañinos, porque son las
acciones de ese tipo las que día a día nos hacen estar más cerca del
precipicio. Y si eso ocurre, los que más sufren son los “vulnerables”.
Los que dicen “proteger”.