Universos paralelos

Hemos
señalado anteriormente que nosotros los humanos, somos intensamente
creativos, entre muchas otras facultades que poseemos producto de la
encrucijada evolutiva a la cual hemos estado expuestos durante milenios.
De esta manera, vamos por la vida creando: columnas, aniversarios,
pueblos, países, ceremonias, filosofías, constituciones, leyes,
conocimiento, problemas, soluciones. Creamos no solo las circunstancias
sociales, económicas y ambientales dentro de las cuales pretendemos
lograr nuestra ansiada felicidad, sino que las proyectamos como destino y
escenario obligado para las generaciones futuras. En definitiva, somos
portentosos y originales creadores de nuestros propios Universos, dentro
de los cuales creemos poder desenvolvernos libremente de acuerdo con
nuestras también propias creencias y actitudes, a menudo reveladas,
reunidas en una canasta de provisiones conductuales que incluye codicia,
generosidad, egoísmo, lealtad, ignorancia, sabiduría, ambición,
prudencia, entre tantos otros elementos que definimos ya sea como
positivos o negativos. Probablemente, como en anteriores y parecidas
circunstancias, esta pandemia está sacando de nuestro yo intimo los
aspectos conductuales más singulares que nos diferencian del actuar del
otro, surgiendo en consecuencia una multiplicidad de “universos
paralelos” o realidades relativamente independientes. En conjunto, esto
se define en la toma de decisiones que, individual o colectivamente,
están a favor o en contra de las medidas que se están implementando a
todo nivel y desde diferentes estamentos sociales, para tratar de
superar el conflicto humano por el cual atravesamos. Algunos insistimos
en pensar que hay opciones de futuro basadas al menos en la preservación
de la condición humana, en torno a la libertad, la igualdad y la
fraternidad y en la búsqueda intensa de grandes proyectos humanistas.
Esto incluye mirar creativamente por opciones de desarrollo individual y
colectivo que estén en concordancia con la necesaria y olvidada
conservación de nuestro planeta azul. Observando otras realidades
basadas en respuestas paralelas, se hace evidente que la tendencia
global puede continuar por la misma senda creada para liberar nuestro
destino a las exigencias que impone un mercado fundado en la competencia
como elemento clave para el progreso de la humanidad. Las actuales
exigencias que imponen la pandemia y la crisis ambiental-social que se
avizora, provenientes de una naturaleza que no está, no ha estado ni
estará al “servicio” del hombre/mujer, están abiertas a respuestas que
emanan, a menudo de manera incongruente, de esos universos paralelos y
que a diario observamos en los medios de comunicación y redes sociales.
Así como la aparición de vida en la Tierra requirió un cúmulo de
circunstancias concurrentes que exceden a nuestra imaginación, nuestra
supervivencia está exigiendo una gran creatividad para relativizar las
decisiones personales paralelas y para enfrentar la crisis con actitud
cívica, y no a través del capricho, del cuestionamiento desinformado, de
la avaricia audaz, del egoísmo exacerbado, o del individualismo
estéril.

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