Vocería en tiempos de crisis

El
Gobierno desde el inicio de la crisis sanitaria ha mantenido un
principio comunicacional: una única vocería y estrategia nacional.
Diversos actores políticos, de izquierda y derecha, hemos coincidido que
debe haber una única vocería (aunque no la actual), pero la estrategia
debe tener componentes locales.

Las
críticas a la vocería se han fundamentado en la idoneidad de los
voceros. Una buena vocería no solo debe conocer a profundidad el tema,
sino además debe tener habilidades que permitan a la comunidad hacer
suyo el mensaje. Una vocería debe tener experiencia, claridad,
credibilidad, seguridad y articulación. En medio de una pandemia, la
vocería deber darnos tranquilidad a todos y por ello debe representar a
todos.

Mañalich
carece de credibilidad, exuda soberbia, y no articula las diversas
capacidades nacionales en su vocería. Por otro lado, el subsecretario
Zúñiga trasmite a diario inseguridad y falta de experiencia. Cuando
nadie confía en la vocería, la inseguridad se apodera de la población
aumentando la desconfianza y el distanciamiento con las autoridades y la
estrategia de Gobierno.

La
actual estrategia nacional tiene todos los vicios del centralismo. Una
estrategia centralizada deja de lado los gobiernos regionales y locales y
todas aquellas características propias, costumbres y necesidades
locales. Territorialmente una pandemia no se vive igual en Punta Arenas
que en Arica, no tiene el mismo impacto en el sector oriente de la
Región Metropolitana que en aquellas comunas más pobres del lado
poniente. Hay diferencias económicas y de infraestructura, en las
capacidades de salud, en carencias en vivienda y transporte, en acceso a
comunicaciones. Todo hace que la pandemia sea diferente, más difícil y
compleja según las características de cada territorio.

Si
el ministro a cargo de combatir la pandemia desconoce la realidad con
que sobrevive la población que intenta proteger del contagio,
difícilmente podrá adoptar medidas adecuadas. Cuando el ministro además
declara que no tiene conciencia de la magnitud de la pobreza y
hacinamiento en Santiago, la estrategia definitivamente fracasará.
Cuando el ministro no incorpora y desconoce los actores y los
componentes de un territorio, la estrategia con seguridad fracasará.

El
desconocimiento del ministro es indignante e imperdonable. Pero la
respuesta además es preocupante, el ministro planificó su estrategia
contra la pandemia con datos imaginarios de la población, con una
realidad alternativa. La serie de medidas poco apropiadas, poco
adecuadas y oportunas para la población de Santiago llevaron al fracaso
de la contención del virus. Y el castillo de naipes se desarmó y
lamentablemente muchos chilenos lo están pasando muy mal, con costos muy
altos para su salud y sobrevivencia.

Lo
de Mañalich amerita su destitución y el Gobierno debe con urgencia,
cambiar la vocería y proponer una nueva estrategia. Una estrategia
realista que genere las condiciones en la población para que baje la
movilidad y se frene la propagación del contagio.

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