Los magallánicos que residen en Punta Arenas y transitan por la Avenida España y otras calles del centro de la capital de la Patagonia, sonríen en forma irónica cada vez que pasan frente a las casi doscientas bancas de metal y madera, apernadas al concreto de las veredas.
Es que apenas son utilizadas y muy de vez en cuando, por personas en situación de calle, uno que otro adulto mayor que decidió descansar unos minutos o por turistas que deciden hacer un breve alto en sus recorridos por las calles de nuestra “Perla del Estrecho”.
Y eso sólo cuando, a fines de la primavera, la temperatura se eleva un tanto, en un día de sol; cuando no sopla el viento o cuando el tedio se apodera de algún peatón.
Para colmo de males, las bancas, con un valor promedio de doscientos mil pesos cada una, están instaladas de frente a las residencias, viviendas o negocios del sector, por ejemplo, de Avenida España, desde Independencia al norte, hasta la Avenida Colón, o en Armando Sanhueza y otras calles céntricas.
Obviamente, no es muy entretenido y menos, turístico, mirar puertas, ventanas y muros de las viviendas de esos sectores u otear las vitrinas de las carnicerías o apreciar a quienes van a algún hostal o mirar a los que entran y salen de las botillerías o a los que pasan sin mirar, como en una antigua canción de un conjunto tanto o más antiguo que el tema ése, “Los Bric a Brac” (de aquellos años).
El proyecto
El proyecto, llamado “Conservación de veredas y aceras del centro de Punta Arenas”, tuvo un costo fiscal de 2.782 millones de pesos, recordó el arquitecto Álex Saldivia, director de Obras de la Municipalidad de Punta Arenas.
“Incluyó la pavimentación de 51 mil metros lineales de aceras, empastados y mobiliario urbano, es decir, ciento ochenta bancas de madera y metal”, cuyo valor bordea los 200 mil pesos”, agregó Saldivia y, además, se instalaron cincuenta basureros metálicos, construidos en fierro fundido decorado “en forma muy monona”, señalaron algunos vecinos que optaron por no identificarse, porque frente a sus residencias pueden apreciarse claramente.
“Las obras fueron ejecutadas por la empresa constructora que se adjudicó la propuesta, basada, a su vez, en un proyecto de la Secretaría Comunal de Planificación y se hizo de acuerdo con lo estipulado en el proyecto original”, añadió el arquitecto.
Dudosa utilidad
La utilidad de las bancas y sus cercanos o lejanos basureros es, por estos días y desde hace tiempo, más que dudosa.
¿Quién o quiénes serían los valientes y sacrificados magallánicos que pudieran sentarse “a tomar el fresco de la tarde” cuando hace frío, está lloviendo o sopla el viento, peor aún, si está escarchando o empieza a nevar?
¿Algún visitante de esta ciudad podría hacerlo? Sólo si viniera de Alaska o de Siberia?
¿Suena o no a la palabra “despilfarro” de recursos que financiamos todos los que pagamos impuestos, hasta por el kilo de pan que llevamos a casa diariamente?
La tarea de determinar quiénes son responsables de la instalación de las bancas y de los basureros, se la dejamos a nuestros lectores, recordándoles que los trabajos partieron en octubre de 2013 y culminaron en diciembre del año siguiente, es decir, a fines de 2014.
Los diarios guardan los nombres de las autoridades municipales de aquellos años, por si la memoria requiere algo de ayuda.
Y no se confunda con las bancas que está instaladas y ocasionalmente utilizadas en la calle Roca: forman parte de otro proyecto que, por allá por el año 2005, cuando se remodeló la Plaza de Armas, pretendió darle forma a un paseo peatonal, al estilo del Paseo Ahumada.
Calderón de la Barca afirmó hace siglos que “la vida es sueño y que vivos estamos”. ¿O no?