El Pasaje Álvarez une a decenas y decenas de parcelas de todo tipo,
ubicadas en la parte baja del Loteo Llau Llau, a escasa distancia del curso de
agua que, en algunos de sus tramos ya empieza a llenarse de basura y
desperdicios, como neumáticos, madera, restos de electrodomésticos y uno que
otro colchón muy en desuso.
Esa situación, por cierto, en muchos casos, ya ha dejado de ser
noticia por las numerosas ocasiones y lugares que la irresponsabilidad y el
vandalismo con rostro de delincuencia han transformado en basurales
clandestinos.
Pero las fotografías que acompañan esta pequeña crónica son nuevas.
En una esquina del Pasaje Álvarez, hasta el mediodía del lunes, se
amontonaba una cantidad impresionante de basura y desperdicios, que los perros
que deambulan por el sector husmeaban, arrastraban y trataban de comer algo,
después de haber roto las bolsas dejadas allí, rodeando tachos de plástico
verdoso, porque esos tachos no tenían capacidad suficiente para recibir más
bolsas.
Al frente, otro tacho, cubierto por una piedra de regular tamaño,
evitaba que los canes pudieran derribarlo y derramar su contenido: residuos
domiciliarios ya en descomposición.
¿Cuándo y a qué hora transita por allí un camión recolector de basura?
¿La Dirección de Aser y Ornato municipal sabrá de esta situación y
tendrán medianamente claro dónde está situado el pasaje Álvarez?
No lo sabemos, pero que la basura está y está desparramada, igual que
lo que ocurría hace unos días con una batea, instalada en la calle Joaquín
Argüelles, en el Loteo Varillas.
Y para qué volver a mencionar el basural ubicado en la prolongación de
calle Miraflores.