Catástrofes chilenas también se sentirán en alicaída economía magallánica

Las leyes económicas han determinado, a lo largo de la historia, no
sólo de nuestro país o de nuestra región, sino que en todo el mundo, que “las
necesidades siempre van a superar a los recursos”.

Y eso genera una tarea constante por conseguir lo necesario para
satisfacer esas necesidades, que pueden ser de tipo personal, familiar, de
instituciones públicas y privadas, etc.

Las vías para lograr la obtención de esos recursos son diversas, pero,
en el caso de las regiones chilenas, aparte de tener que luchar y vencer al
centralismo que tan bien conocemos en Magallanes y que tanto daño ha causado
fuera de la capital del país, hay que plantear las necesidades regionales ante
representantes del poder central, siempre dependientes, pese a sus buenas
intenciones personales, en la mayoría de los casos (se exceptúa a los que aún
sostienen y tratan de aplicar el añejo concepto de “la planificación
centralizada”) y permanentemente solicitar a los parlamentarios que lo hagan.

Los primeros se ciñen a las 
instrucciones de sus respectivas jefaturas, partiendo desde la
Presidencia de la República y los otros, los parlamentarios también adecúan sus
discursos a esos planteamientos, si forman parte del conglomerado gobernante, o
gritan pero consiguen poco o nada si están fuera de aquéllos o si se declaran
“independientes”, “regionalistas”, lo que siempre genera “dudas razonables”.

Y para muestra un botón: ¿qué pasó con las asignaciones de millonarios
recursos para ese “hoyo negro” que se llama Transantiago y que ha consumido y
sigue devorando millonarios recursos del Estado chileno?

Y Magallanes recibió apenas unas cuantas “migajas” de fondos fiscales.

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