Columna | “Matemáticas electorales en plena Navidad”

Es insoslayable dedicar esta columna a la gesta democrática del 17 de diciembre. Ya ha pasado una semana y miles de bytes y tinta se han derramado intentando explicar lo casi inexplicable. Lo
primero es comparar la convocatoria ciudadana a estas elecciones, así,
en el año 1989, votaron 7.158.727 ciudadanos; en 1993 votaron
7.376.691; en la segunda vuelta del año 2000 votaron 7.326.753; en la
segunda vuelta del año 2006 votaron 7.162.345; en la segunda vuelta del
año 2010 votaron 7.203.371; en la segunda vuelta del año 2013 votaron
5.697.751 y ahora en la segunda vuelta del año 2017 sufragaron 7.032.585
ciudadanos. Si bien esta convocatoria es un poco menor a la de otras
oportunidades, es la única elección presidencial bajo el régimen de voto
voluntario que logra estar a la par con las convocatorias del régimen
de voto obligatorio.
Lo segundo es que sumados los votos obtenidos de todos los candidatos de centro izquierda y ultraizquierda durante
la primera vuelta presidencial, éstos lograron convocar a 3.655.022
ciudadanos, a diferencia del apoyo hacia Alejandro Guillier en
segunda vuelta quien sólo logró sólo 3.160.225 votos, es
decir, Guillier no logró convocar 494.807 votos de centro izquierda o
ultraizquierda, quienes no se plegaron a la opción de “Fuerza Mayoría”
en el balotaje.
Lo tercero es que sumados José Antonio Kast y Sebastián Piñera estos lograron convocar el 19 de noviembre 2.939.000 ciudadanos, sin embargo el 17 de diciembre Piñera logra convocar 3.795.896 de almas a su proyecto, es decir 856.896 votos extras. Es evidente que no es posible pretender que José Antonio Kast haya agregado más votos a lo obtenido en la primera vuelta electoral, dado que en el segundo período
de campaña el esfuerzo estuvo apuntado a que los votos obtenidos por él
durante la primera vuelta pudieran endosarse a plenitud a Piñera, dada
la resistencia hacia la figura de
l ex Presidente
en las filas de la familia militar; por su parte el apoyo de Manuel
Jose Ossandón, quien en primarias obtuvo nada menos que 372.011 votos,
parece explicar al menos una gran parte la irrupción de este nuevo
electorado denominado “la derecha social”, votos que acortaron la brecha
en comunas de izquierda como Puente Alto y las comunas rurales del Gran
Santiago, sin embargo aún faltan 500.000 votos que explicar. En la
región Metropolitana 170.000 votos extras se sumaron en el sector
Oriente (Vitacura, Las Condes, Huechuraba, Providencia, etc) votos que
eran tradicionalmente de la derecha pero que rara vez acudía a votar en
las últimas décadas, misma situación sucedió a lo largo del país, sin
embargo aún queda un remanente de 300.000 votos, que de alguna parte
salieron.
Y
aquí es donde no entra el factor Kast, ni Ossandón, ni la derecha
tradicional, sino que entra la mano de Dios, con la ayuda del divulgador
Cristiano Pastor David Hormachea, La
Iglesia
Evangélica de Chile -con la excepción de Emiliano Soto- que junto a los
mormones y ONGs Católicas como “Padres Objetores” y líderes como
Marcela Aranda, hicieron una sacrificada campaña de concientización al
interior de las Iglesias Cristianas ante la amenaza a la libertad de
culto, de pensamiento, de enseñanza y del derecho de los padres a educar
a sus hijos que implica la agenda valórica del Gobierno influenciada
por el lobby LGTBI, en especial al querer influenciar a infantes con el
tema del género cuestión que Guillier ampliamente apoyaba en su
programa.
Otro
apronte importante fue la gran intervención del pueblo venezolano
inmigrante que convenció de votar por Piñera. El dolor por su patria y
los anhelos de vivir en la nuestra nos tocó el alma a muchos, que de
pensar votar nulo optamos por apoyar a Piñera. De hecho la elección del
17 de diciembre cuenta con el menor porcentaje de votos nulos de la
historia electoral Chilena con apenas un 0,80% y de votos blancos apenas
0,20%. Fue el mismo Guillier, quien con frases como “Meteremos las
manos al bolsillo”, “Hasta la Victoria siempre”, “Hacer Patria”
-copiadas al dedillo de discursos del Chavismo Bolivariano- quien dio
alimento a esta arista.
Tampoco
se puede descartar un apoyo de las filas de la Democracia Cristiana e
incluso algún ínfimo sector del Frente Amplio hayan votado por Sebastián
Piñera.
Todos
estos factores catapultaron al tradicional 44% de la derecha chilena
del plebiscito de 1988 a un 54% en diciembre de 2017, cuestión impensada
en cualquier cálculo electoral y que produjeron un gran detente a la
hegemonía del progresismo izquierdista en el país.
Tengan todos hoy una feliz Noche Buena.

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