El discurso del candidato Alejandro Guillier,
llamando a defender las reformas demuestra que en realidad la derecha
política aprendió más y más rápido. La derrota electoral, se explica por
la crisis de una forma de pensamiento que se sintió heredera de los
“Frentes Populares”, en que lo fundamental era la correlación de fuerzas
para derrotar a la derecha, en circunstancias que el país ha cambiado,
el contexto internacional es otro, el grado de polarización política es
otro, Sebastián Piñera, no representa al fascismo unido, todos factores
que hacen inviable un proyecto político centrado exclusivamente en un
programa de gobierno que se propone reformas a la salud, la educación o
la Constitución.
Es
preciso que la Nueva Mayoría, de cuenta de los nuevos valores y
aspiraciones, que no sólo los cuente sino que trate a sus conciudadanos
como pares y los escuche. La política es posible, no sólo porque se
puede hablar o votar sino porque se es escuchado y ciertamente no se ha
escuchado a los más de tres millones de chilenos que votaron por
Sebastián Piñera y a los millones que se quedaron en sus casas. En este
complejo escenario aspirar a replegarse en defender las reformas ya
realizadas importa no escuchar y negarse a la evidencia que existe una
mayoría que no desea esos cambios, que aspira a otras reformas, con
diversa intensidad o sentido o que simplemente las rechaza.
El
dogmatismo ha hecho que se pierda capacidad de juicio. Existió una
evidente falta de imaginación para poder pensar desde el punto de vista
de los demás, representarse que piensan y a que aspiran los chilenos.
Hizo falta esa necesaria amplitud mental que nos permite emitir juicios,
como una habilidad política básica para ver las cosas no sólo desde el
punto de vista personal, institucional o del político funcionario, sino
también según la perspectiva de todos los que integran un mismo país,
teniendo en cuenta los intereses de los ciudadanos y sus propios gustos o
preferencias.
La
dirigencia política se entronizó y teorizó al hablar de lo público sin
otra perspectiva que la suya, lo que resulta insuficiente, pues no es
posible inferir los intereses de los demás a partir de las oligarquías
partidarias., que no supieron con mínima empatía, por un instante,
ponerse en el lugar de los demás para contemplar lo que ellos ven. De
este modo, se apartaron de los sentimientos, las ideas y las emociones
que les llegan a ellos cuando tratan de un asunto publico como la
reforma tributaria, la educación pública, el reajuste, las pensiones o
la salud pública.
Sebastián
Piñera supo interpretar mejor las opiniones, los gustos, la percepción
de lo bueno y de lo malo, lo justo y lo injusto, lo útil o lo inútil, y
como estas emociones se expresan en la actitud de cada ciudadano frente a
lo público.
Defender
las reformas y el continuismo conlleva el riesgo inevitable de repetir
el error y persistir en él por falta de empatía, de ser capaz de
entender lo que piensan y sienten otros ciudadanos ante lo público y las
reformas, en tanto todos somos ciudadanos de un mismo país y aspiramos
razonablemente a que la democracia tenga la calidad indispensable de
posibilitar la vida en común.