El
viernes pasado se dio inicio al “Curso básico de formación de perros de
búsqueda y rescate bajo el método KIM”, dictado por Gerardo Donoso de
la Fundación K9. La inauguración contó con presencia de autoridades comunales y regionales, además del cónsul de Argentina.
El
curso se desarrolló hasta por tres jornadas hasta el día de ayer,
generando una instancia importante de capacitación e intercambio de
experiencias para distintas organizaciones de búsqueda y rescate en la
Región de Magallanes.
Un largo proceso
Los
perros que son adiestrados para estas labores trabajan bajo los
estándares más exigentes existentes en el mundo, IRO (Organización
Mundial de Perros de Búsqueda y Señalamiento).
De
esta manera en IRO están afiliados el grueso de los grupos operativos
europeos y de varios otros países de los otros continentes. IRO es hoy a
través de un convenio el evaluador oficial de la Federación Cinológica
Internacional FCI. Quienes
aprueban una certificación IRO están en condiciones de pararse ante una
evaluación con cualquier reglamentación existente en el mundo.
Para
ser reconocido como guía ante la comunidad internacional de
especialistas, debe pasar al menos un par de años y para lograr ser
considerado un instructor internacional otros tantos, con experiencia
operativa y binomios certificados.
La labor de un perro de búsqueda y rescate es de vital importancia.
Ellos
son entrenados para localizar a personas en situaciones complicadas y
en áreas donde, con frecuencia, el acceso de los servicios de emergencia
se hace muy complicado o demasiado lento: en la nieve, al aire libre,
en la montaña o en el mar, también tras terremotos y otras catástrofes
que pueden generar grandes cantidades de escombros.
Depende
del lugar en el que estén desarrollando labores de búsqueda,
obviamente, pero sobre al aire libre lo que explican diversos autores,
permite entender cómo los canes son capaces de seguir un rastro con
tanta efectividad.
Una historia que no es reciente
Existen
registros desde el siglo XVII, cuando los monjes de un hospicio para
viajeros y peregrinos, fundado en el siglo XI en los Alpes italianos en
el paso de montaña del monte San Bernardo, comenzaron a criar perros de
extraordinaria nobleza que ayudaban en las tareas de guardia y
vigilancia, y pronto se utilizaron como perros de salvamento para
viajeros perdidos en la niebla y nieve: los famosos perros San Bernardo.
Su existencia está documentada gráficamente desde 1695 y por escrito
en crónicas del hospicio desde 1707.