Su figura es recordada constantemente con profundo cariño por quienes
fueron los primeros guardaparques de la unidad, varios de los cuales provenían
de la Región de La Araucanía, al igual que él. Uno de ellos es Juan Toro
Quirilef, actualmente jefe del sector Laguna Azul del parque. “Trabajaba en uno
de los aserraderos del sector Llafenco, cuando don Alejandro me preguntó si me
atrevía a ir a cuidar una reserva. Como era cabro, ni pregunté qué beneficios tenía,
y sin pensarla dos veces le dije que sí y partí a la Reserva Raigolí”. Más
tarde trabajarían juntos nuevamente en la Reserva Nacional Malleco, hasta que
en 1974, Sepúlveda asumió como el primer jefe administrativo del Parque
Nacional Torres del Paine. Poco después llegaría Juan Toro a la región, quien
es reconocido como el primer guardaparque oficial de la unidad, hoy con más de
cuatro décadas de servicios.
La relación con su jefe se transformó en una gran amistad que duró
toda la vida, pues si bien la primera impresión de Juan Toro sobre la zona fue
de inmensidad y desolación, la acogida de Alejandro Sepúlveda y su familia lo
ayudaron a adaptarse. “Hoy lo despido con mucha tristeza, pues fue como un
padre para mí. Y siento que al ofrecerme trabajo aquí en esos años difíciles,
de alguna manera me salvó la vida”, comenta emocionado.
Bajo la gestión de Alejandro Sepúlveda, la permanencia de CONAF en el
parque fue constante, gracias a la formación del Cuerpo de Guardaparques. René
Cifuentes Medina, hoy encargado de la Sección de Ecosistemas y Sociedad del
Departamento de Desarrollo y Fomento Forestal de CONAF Magallanes, era
guardaparque en esos años y luego ejerció como administrador de la unidad,
entre 1981 y 1983. “Lo recuerdo con mucho aprecio y respeto. Fue un hombre
práctico, visionario y muy comprometido. El primero en instalar el concepto de
parque nacional”.
Durante su administración, a partir del año 1975 la superficie del
parque comenzó a ampliarse y se formaron dos zonas marcadamente diferentes. Por
una parte, vastos terrenos inexplorados recorridos hasta entonces solo por
baqueanos y escaladores, especialmente el área circundante al macizo del Paine.
Por otra, miles de hectáreas que habían sido dedicadas a la ganadería por
alrededor de medio siglo, en las que había desaparecido gran parte de la
vegetación nativa y de la fauna silvestre. Los visitantes llegaban en forma
esporádica, no existían senderos demarcados, ni sitios establecidos de
campamento.
Neftalí Zambrano Leal, hoy guardaparques de la Reserva Nacional
Magallanes, expresa también una inmensa gratitud hacia Alejandro Sepúlveda,
pues “fue una persona muy importante para mi vida laboral. Al traerme a
trabajar al Parque Nacional Torres del Paine me abrió una puerta a un mundo
nuevo y apasionante, donde me realicé como guardaparque. Yo tenía 23 años
cuando tuvo el acierto de invitarme a trabajar con él, así como la generosidad
para apoyarme en mi traslado”.
En el libro “Parque Nacional Torres del Paine. El paraíso de la
Patagonia”, editado por CONAF con ocasión de los 50 años de la unidad, quien
fuera director regional entre 1973 y 1990, Mauricio Rosenfeld (Q.E.P.D.)
recordaba que el principal problema que enfrentó el creciente parque fue la
oposición de la sociedad natalina: “Se dio muy difícil, con persecuciones,
deslealtades, denuncias contra guardaparques. Con Alejandro Sepúlveda
consolidamos la parte más dura, al estilo de la frontera…Parecíamos locos
cuidando los pajaritos. Hoy no es posible imaginar un uso distinto para ese
terreno”.