Poco antes del mediodía de ayer, aterrizó en el Aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo, el vuelo LAN 093, en el cual retornaba a Punta Arenas la pequeña Cony Santana, quien por más de ocho meses se mantuvo en Santiago, luchando contra la leucemia.
Con la venia de los doctores, y al presentar una mejoría sorprendente, sus padres, Rodrigo Santana y Cecilia Valdés, decidieron retornar a Punta Arenas para que la niña pueda continuar con un tratamiento, vía medicamentos, y debiendo viajar cada tres meses a Santiago, para someterse a quimioterapia en la clínica donde estaba siendo tratada.
Familiares y amigos llegaron con pancartas para dar la bienvenida a la pequeña Cony, esperando su aparición por la salida de pasajeros. La ansiedad se convirtió en alegría y emoción, cuando la niña de seis años corrió para ver quiénes la esperaban.
La niña, a quien a principios de este año le diagnosticaron leucemia, recibió un arduo tratamiento, del cual salió de manera favorable. Su ternura y fuerza la hicieron ganar el cariño de los magallánicos, lo que quedó demostrado con el grupo que se creó en Facebook: “Todos por la Cony Santana”, donde realizaban publicaciones de apoyo, aprovechándose a difundir eventos benéficos que se realizaron para reunir recursos y apoyar a los familiares en la complicada situación que les ponía la vida.
A su llegada, el padre de Cony, Rodrigo Santana, converso con Diario El Pingüino. Agradeció la constante preocupación de la comunidad y la gran cantidad de muestras de cariño que recibieron durante su estadía en el norte del país, agregando que no esperaban tener un recibimiento como el de ayer. “Para nosotros, siempre fue y seguirá siendo importante el cariño que la gente le tiene a Cony. Fue difícil los primeros días, el trasladarse a la capital, principalmente para Cecilia (madre de Cony), porque dejábamos a toda la familia acá, pero había que luchar y salir adelante, y eso se logró. Hace algunos días el médico tratante conversó con nosotros, y nos dijo que existía la posibilidad de que retornemos a Punta Arenas, porque la primera etapa del tratamiento está finalizada, Debemos viajar cada tres meses por dos años, para que sea sometida al resto del tratamiento y ya poder decir que mi hija está sana”, señaló el padre.