Cuando las obligaciones laborales impiden pasar la Navidad en familia

La Navidad tiene características especiales, muy diferente a las de otras celebraciones como las del Año Nuevo, las Fiestas Patrias, los cumpleaños o los matrimonios “a la antigua”.
Cierto, porque los días previos a la Nochebuena y a la Navidad misma, se planifican las cenas y encuentros familiares; se adquieren los regalos que van a entregarse, a veces con el toque infantil de la reserva y del secreto, y la tradicional pregunta que trata de determinar qué se hará al día siguiente con el cordero.
Pero hay centenares de personas que no han podido estar, en una o varias oportunidades, lejos de la mesa familiar, lejos de las esposas, parejas, hijos, hijas, nietos y otros familiares porque deben cumplir con sus obligaciones en el trabajo.
“Iba por la ruta”
Patricio Beroíza Dey, de 58 años, casado, dos hijos veinteañeros, es un conductor de camiones que transportan cargas peligrosas.
“El año pasado, transitaba a bordo de la máquina que conduzco, entre Cerro Sombrero y Punta Arenas. Iba por la ruta 255, en un punto de la comuna de San Gregorio y llegaron las 12 de la noche”, recordó Beroíza.
“Sentí nostalgia. Me sentí algo solo, pero nunca tanto porque recibí llamados telefónicos de mi señora y de la familia”, dijo, pero añadió que esa situación no se la daba a nadie y dejó las razones a la imaginación de los lectores.
“Es que sabe: muchos tenemos que trabajar para que otros se diviertan y es lo mismo que deben sentir, en escalas distintas, los pilotos de los aviones que saben que sus pasajeros tienen que llegar a donde vayan, o la de los médicos en los hospitales: saben que si tienen que operar, deben hacerlo”, reflexionó Beroíza.
Para él, cumplir con las obligaciones de su trabajo le gusta porque “desde los 20 años que estoy detrás del volante y me gusta lo que hago y le digo más, si me llegan a mandar para Año Nuevo, voy a ir a hacerlo, parto no más, porque es muy triste estar sin pega”, manifestó con convicción profunda.
Y agregó que, después de haber pasado la Nochebuena en la carretera, con un aljibe con 15 mil litros de combustible, y llegar hasta su hogar, lo esperaba la familia y, obviamente, la cena de Navidad en grata compañía: “claro que ya eran como las dos de la mañana”.
“Atendiendo a otros”
“Varias veces, por razones de trabajo, estuve ausente de la cena de Nochebuena y llegué a mi casa en el día de Navidad”, afirmó Alex Teruncan Naguil, 44 años, casado, un hijo “porque partí un poco tarde”, dijo sonriendo.
En esta Navidad no tuvo ese problema, porque como jefe de servicios de la bencinera ubicada en 21 de Mayo con Independencia, adoptó las medidas necesarias para disfrutar de un merecido descanso navideño.
“No sólo he estado ausente en varias Pascuas, también en algunos Años Nuevos y creo que las fiestas familiares se contraponen con el trabajo de estar atendiendo público en una bencinera”, explica.
Y se pregunta qué pasaría si nadie asumiera esa tarea y, en su caso, llegara alguien a comprar bencina y no hubiera quien lo atendiera.
Destaca que ellos – los trabajadores de estaciones de servicios, de bencineras – se rigen por una ley diferente. Que hay que cumplir con las obligaciones. Que el turno se cumple, como lo ha venido haciendo desde hace largos años y ha visto que otros trabajadores del rubro también han dejado su silla en la mesa familiar de Nochebuena o Año Nuevo, “porque los pilló la hora de ir a trabajar”, explicó Teruncan.
Y al día siguiente: ¿Qué?: “Mire, yo me quedo en la casa, con mi familia. No me expongo a que, aunque vaya en caravana con los coches de otros amigos, por ejemplo, yendo o viniendo del Parque Chabunco, un irresponsable, un borracho, me cause daños que podrían resultar irreparables. Mejor celebrar en mi casa, no me expongo yo ni a mis familiares y sigo tranquilito por la vida”, dijo, finalmente Teruncan Naguil, mientras terminaba de ejecutar sus tareas diarias en la estación de servicios ubicada en 21 de Mayo con Independencia.

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