A través
de diferentes reportajes, los medios nacionales señalaron el “drama”
que significa para los empaquetadores de supermercados el fin de las
bolsas plásticas en los locales comerciales del país.
Un
rubro que habitualmente está protagonizado por jóvenes estudiantes, que
ven en este trabajo “part time” una forma de costearse los gastos en
sus estudios.
Desde
hace aproximadamente 25 años que se empezó a masificar este oficio.
Primero “a la mala”, sin reconocimiento por parte de los supermercados,
para luego empezar a establecerse a través de empresas que regulaban y
coordinaban el funcionamiento de estos trabajadores.
En
Magallanes, por su parte, todo fue un poco más lento, pero hoy en día
son aproximadamente 500 personas, entre estudiantes y personas de la
tercera edad, quienes, pese al retiro de las bolsas plásticas, siguen
otorgando el servicio de meter los productos comprados en las tiendas,
en bolsas. De género o de plástico, da igual en Punta Arenas.
A continuación, cuatro casos de empaques de la comuna que cuentan cómo vivieron el proceso de cambio tras las bolsas plásticas.
Sandra Velázquez, Abu Gosh
Sandra
Velásquez es la encargada de los empaques de Abu Gosh de Zona Franca.
“Propineros” como también los llama la gente. Para ella, que se encarga
de repartir los turnos entre los más de 50 trabajadores que hay en el
local, este cambio significó un cambio más de costumbre que de algo
económico.
“Al
principio fue difícil, porque muchas veces la gente se molestaba cuando
uno les pedía la bolsa. Uno les explicaba, pero era difícil entenderlo
para ellos. Después se fueron adaptando a ese cambio que se les
presentó”, relata.
Incluso
va más allá y considera que todo mejoró tras la nueva normativa.
“Ahora es todo más tranquilo. Uno les pide la bolsa y ellos con gusto te
la pasan. A veces te piden la opción de la caja. Muchas veces la gente
no trae sus bolsas, y por eso se les ofrece esa opción. Es todo más
simple”, manifiesta.
Por
último, la encargada señala que “nos fuimos adaptando a la nueva
dinámica del trabajo. Ahora ordenamos mejor los artículos antes de
embolsarlos. Lo que es de aseo va aparte, las carnes también, y así.
Encuentro que es mejor ahora, con las bolsas era mucho más lío, ahora es
mucho más ordenado todo. Quizás ha bajado un poco en las ganancias,
pero sigue sirviendo. Hay futuro, los empaques pueden seguir en otros
lados”
Pablo Miranda, Unimarc
Pablo
Miranda llegó justo en el proceso de cambio entre las bolsas plásticas y
las de género. Dos semanas antes del retiro oficial, empezó a trabajar
como empaque en la tienda de Abu Gosh, bajo las órdenes de Sandra.
Al principio, relata que fue algo complejo adaptarse, pero que con el tiempo fue todo mucho mejor.
“Alcancé
a trabajar los últimos días con las bolsas plásticas. Estuve justo en
el tiempo en que se cambió a bolsas de género. Fue complicado al
principio, porque los clientes estaban muy acostumbrados a las bolsas
plásticas y no querían otra cosa”, relata.
Manifiesta
también que “el cambio fue medio brusco, porque como no había bolsas,
ellos pensaban que nosotros no teníamos empatía para envolver sus cosas.
Solo echábamos las cosas en un carro. Empezó a bajar la propina.
Después con el tiempo la gente se acostumbró, empezaron a traer sus
bolsas y todo se normalizó”.
Finalmente,
señala que “sería fome que se pierdan los empaques de los
supermercados. Sirve para los estudiantes, para la gente de la tercera
edad, que tienen sus jubilaciones mínimas. Esto las ayuda mucho. No creo
que desaparezca en todo caso, porque acá sigue existiendo mucho cliente
que requiera ayuda”.
Sonia Barría, Unimarc
Sonia
es una de las personas que trabaja en Unimarc. Ella, junto con otras
dos personas, son las que trabajan hace más tiempo en el local que está
en Capitán Juan Guillermos con Zenteno. Ella, derechamente señala que
todo mejoró tras este cambio. “Los clientes nos entregan más plata
ahora. Yo creo que la gente al final no nos entrega más monedas por el
trabajo, sino que por el hecho de que nosotros estemos ahí, con la
disposición a ayudar. Acá la mayoría somos de tercera edad, con las
pensiones bajas, y al final aunque la propina no es una obligación,
ellos notan mi trabajo”, cuenta con orgullo.
Eso
sí relata que se siguen repitiendo episodios de reclamos por la falta
de bolsas, sobre todo de gente de afuera. “El cliente rabiaba, pero más
con los cajeros o con el supermercado en sí. Hasta la fecha nos dicen
que no es culpa de nosotros, así que igual nos dan la propina”, cuenta.
Verónica Mancilla, Unimarc
Verónica
vivió el fin de las bolsas plásticas con escepticismo. Comenzó como
“propinera” hace 12 años, pero cuando supo que se venía este cambio, se
retiró, pensando en que los empaques iban a desaparecer. Sin embargo,
hace siete meses volvió a trabajar, y se dio cuenta que todo estaba
igual, o incluso mejor que antes.
“Entré
hace poquito de nuevo. Estuve como seis, siete años y me retiré por un
problema de salud y porque pensé que ya no iba a pasar nada, que nos
iban a quitar la propina. Estuve como tres años fuera. Después me di
cuenta que no era así, que la gente traía sus propias bolsas e igual te
da propina”, manifiesta.
Por último, asume, “yo me asusté, pero el cambio es para mejor, se van a terminar acostumbrando”.
@CamiloEncina