Los juegos infantiles instalados hace ya tiempo en un par de sectores del Parque Municipal María Behety, desde lejos, se aprecia en buenas condiciones.
Una parte importante de esos juegos aún conserva la pintura de diversos colores que aumentaron su atractivo para los niños que, acompañados de sus padres, abuelos, tías, tíos o algún hermano mayor, llegaron en más de una oportunidad a jugar en ellos.
Los que están más alejados de la puerta de acceso, es decir, más hacia el sur, presentan daños en sus instalaciones; puentes sueltos; tablones de acceso a las torrecillas en malas condiciones y resbalines partidos por efectos de la lluvia, del sol o del viento, los cuales debilitaron la madera y terminaron separando las tablas que permitían deslizarse desde los alto, sin mayores problemas.
Pero eso no es todo, lamentablemente, porque las bases de esos juegos y sus inmediaciones presentan pasto de cierta altura y basuras que, personas irresponsables “olvidaron” en esos sitios de diversión de los más pequeños.
En medio de ese pasto no sólo se depositaron basuras, sino que esos mismos indolentes lanzaron restos de botellas que, escondidas en medio del pasto podrían provocar cortes en las manos, la piernas e, incluso, en otras partes del cuerpo de quienes pudieran protagonizar una caída en medio de los juegos.
También puede apreciarse que en la construcción de esos juegos se utilizaron neumáticos viejos, los cuales parecen haber sido utilizados como singulares depósitos de basura; además de latas de cerveza y botellas vacías.
Otro tanto ocurre con los juegos infantiles instalados a un costado del camino vecinal que lleva a lo que es el Vivero Municipal de Punta Arenas.
A un centenar de metros de la laguna del parque se instalaron torrecillas para ascender a casi dos metros de altura, trepando por maderos redondeados, cuya fragilidad y mal estado forma parte de un paisaje peligroso.
Los columpios que son utilizados por los niños que van de paseo al parque cuando el clima permite hacerlo, tienen sus cadenas en condiciones deplorables, parte de ellas amarradas con alambres.
Pero lo más peligroso para los visitantes y usuarios de estos juegos infantiles son los fierros que algunas fueron parte de otras entretenciones y que, en algún momento, fueron rotos o destruidos o dañados por sujetos vandálicos.
El problema radica en que, pese a los esfuerzos municipales, esas lamentables acciones son difíciles de prevenir y, menos, de identificar y sancionar los culpables porque el parque es abierto y a esos sujetos tampoco les cuesta mucho cruzar las rejas que circundan los terrenos del parque, desde la Costanera del Estrecho, siguiendo por Avenida Pedro Aguirre Cerda, en dirección al cerro y, después, por Manuel Rodríguez hacia el sur.
Es de esperar que los esfuerzos del Municipio fructifiquen en el mejoramiento integral del Parque María Behety y todo lo que, como aporte a la vida al aire libre tiene: senderos, con descansillos; una pasarela multicolor, un estero un tanto contaminado, pero con agua corriente al fin de cuentas, y, por sobre todo, numerosos árboles, ya de muchos años, que podrían ser calificados como parte de los pulmones verdes de la capital de la Patagonia.