Una yegua preñada y hambrienta deambulaba en la madrugada de ayer por
el sector que comprende las poblaciones “Camilo Henríquez” y “Diego Portales”,
en la parte norponiente de Punta Arenas.
En forma sorpresiva, el pobre animal buscó refugio lo más abrigado
posible para enfrentar la parición de una cría y llegó hasta un sitio eriazo
ubicado en la esquina de las calles Camilo Henríquez y Olegario Gómez.
El animal, posiblemente escapado de una de las parcelas que se ubican
más hacia el poniente, casi en los faldeos del Cerro Mirador, parió a un
potrillo que, como todo recién nacido equino estaba débil, apenas se sostenía
sobre sus patas y estaba cubierto de la sangre de su progenitora, semi echada
sobre desperdicios.
Es que la yegua estaba en medio de un basural clandestino, donde
personas desaprensivas e irresponsables han venido lanzando basura de todo
tipo, envases de vino, restos de botellas, restos de jaulas centolleras y hasta
un sillón.
Había colchones también, y sus restos calcinados pueden apreciarse
aún, porque, hace un tiempo, los desconocidos vándalos de siempre decidieron
quemarlos y poner en riesgo a los habitantes del sector, porque el fuego que
incineró la espuma está a escasa distancia de un punto de gas natural.
Pero eso no era todo: en medio de ladridos y gruñidos, más los
relinchos de la yegua recién parida y los gemidos de su frágil cría, una
verdadera jauría de perros, que pulula a toda hora por el sector, se
abalanzaron sobre el potrillo y le dieron de mordiscos.
Vecinos y vecinas caritativos salieron a ahuyentar a los enfurecidos
canes; defendieron al potrillo y lograron que una gentil desconocida lo
atendiera, primero; lo subiera a un auto rojo, después, y lo llevara a una
clínica veterinaria.
Hasta allí, el drama equino ya había sido superado, porque la yegua se
recuperó y partió, al parecer, de regreso a su corral, mientras los dueños
procuraban saber qué había ocurrido con la cría: si estaba viva, si había
muerto o si sus heridas le permitirían recuperarse.