Al
parecer, no hay dos lecturas para el año económico 2023. Será un año
difícil, pero donde se podría ver la luz al final del túnel en los meses
finales.
Así, al menos lo visualizan los economistas Manuel José Correa y Juan Luis Oyarzo, al ser consultados ayer.
Oyarzo
El
académico Oyarzo expresó al respecto: “Nuestra primera tarea como
hogares es ser conscientes que este 2023 es un año complejo, pero de
recuperación”.
Según
explicó: “Se espera que la inflación no sea tan alta como el año que
recién pasó, donde llegamos a un 12,8%, no obstante, este indicador de
precios se mantendrá en un 6% o 7% lo que continúa siendo una cifra
importante para una economía como la nuestra. Sin considerar que esta
cifra se incrementa 3 a 4 puntos para nuestra región. Esto nos lleva a
ser más pobres ya que nuestros sueldos no se ajustan a la misma
velocidad que el incremento de los precios”.
Agregó
que “también es probable que tengamos incrementos en el desempleo
producto de la poca inversión que existe a nivel general en nuestro
país. Esta caída de la inversión considera dos grandes factores, primero
el escenario político que aún instaura proyectos como el IVA a los
servicios, o la reforma tributaria que podrían esperar a lo menos un
año”. De hecho, agregó, el FMI identifica esta poca conexión con el
mercado y prevé que un malestar social va a dar paso a una
desaceleración profunda en Latinoamérica. Y lo segundo, la tasa de
política monetaria que trae consigo un costo de oportunidad importante
para las empresas, es decir, éstas prefieren aprovechar las tasas de
interés que existen en el mercado financiero, en lugar de asumir riesgos
con una inversión de capital.
La incertidumbre internacional tampoco ayuda, dice. “Somos muy dependientes
de lo que sucede en el continente asiático. El Banco Central ya
anticipó una caída más profunda para este 2023 donde la actividad se
encontrará entre -1,75% y -0,75% para recién experimentar un crecimiento
en 2024. Esto se debe, afirmó, a que nuestro país se encuentra en un
proceso de solución de los desequilibrios macroeconómicos internos y que
vienen desde 2019. “De modo, es importante reducir la incertidumbre
política y tener en consideración que la reformas reducen la capacidad
competitiva de nuestro país, llevando a que Chile no sea tan atractivo
para la inversión extranjera”.
Por
todo ello, su consejo para las familias son claros, “evitar el
endeudamiento en la medida de lo posible y cuidar su fuente laboral, ya
que por lo menos, estos primero 9 meses serán los más complejos, para
Chile siempre que no existan otras incertidumbre externas o internas”.
Correa
El
economista Manuel José Correa, en tanto, afirmó que “este 2023 podremos
dividirlo en dos partes: una mala y otra más alentadora”.
La
primera parte del año, dijo, “debiera implicar tocar fondo a lo que
crecimiento económico se refiere, prolongando la caída del crecimiento
económico del último trimestre 2022 durante el primer trimestre de este
año. Es lo que llamaríamos una recesión técnica de nuestra economía.
En
cambio, “la política monetaria restrictiva ha tenido efectos, y aquello
se va a notar a lo largo del año vía estabilización del nivel de
precios en la economía.
De hecho, la inflación se está desacelerando y durante el primer
semestre debiéramos volver a una inflación de un dígito interanual para
cerrar el 2023 con una tasa anual cercana a 5%… Aquello, irá abriendo
la llave al crédito en la economía, aunque no volveremos a las bajas
tasas de interés que tuvimos previo al estallido social.
Por
el lado de la inversión, dijo, “los nubarrones siguen presentes ya que
no se despeja la incertidumbre traducida en reformas: tributaria,
previsional, constitucional. Mientras el mercado de capitales esté
amenazado, la inversión doméstica estará resentida; en tanto, la
inversión extranjera debiera comenzar a materializarse en proyectos de
energía, siempre y cuando se acelere en tranco respecto a la evaluación
medioambiental, así como en definiciones del marco regulatorio para
estas nuevas inversiones de Hidrógeno y Amoniaco verde, entre otras”.
En
consecuencia, afirmó, el 2023 será un año de nulo o incluso negativo
crecimiento del PIB, probable caída del salario real, caída del ingreso
per cápita, pero con una inflación más controlada, “siempre y cuando no
nos disparemos en los pies o exista algún evento internacional
negativo. Si las cosas las hacemos bien, el 2024 si será un año más
promisorio para la economía chilena y bolsillo de los magallánicos”.