Pablo y Jimena decidieron apoyar la decisión de Juan Pablo, uno de sus tres hijos, de estudiar en una de las universidades del polo académico Valparaíso – Viña del Mar.
“Juan Pablo es el del medio, porque la hija mayor se casó hace dos años y vive en Antofagasta”, aclararon.
Siempre le gustó la Biología Marina y en una de las cuatro universidades porteñas, como se le llama a ese epicentro académico, encontró lo que quería y partirá al primer puerto de Chile a mediados de febrero próximo.
Tras conocer la decisión, sus padres empezaron a sacar cuentas hace un tiempo, porque le tenían confianza.
El primer escollo por superar es el costo de los pasajes aéreos, en tarifa especial, de esos vuelos que salen de madrugada y cuyas garantías son limitadas, “pero salvan y harto”, pero que nunca bajan de los 130 mil pesos, a menos que se adquiera un boleto en una de las promociones que ofrece la línea aérea de mayor demanda.
A ese costo, hay que sumarle el valor de los pasajes entre Santiago y la costa porteña; los desplazamientos en Viña y Valparaíso, en búsqueda de un buen alojamiento, pensión, departamento o casa por arrendar.
Y así, por cuenta baja, sólo en esos ítems ya se ha invertido la suma de doscientos mil pesos, sin contar lo que se gasta en alimentación.
Una pensión, en Viña del Mar tiene un costo mensual que parte en 250 mil pesos, todo incluido, es decir, habitación, desayuno, almuerzo, once, comida, wifi, televisión por cable, lavado y planchado de ropa y eso se puede estimar como barato.
Si esa pensión está en el centro de Viña, sube unos 50 mil pesos más, pero retorna al precio anterior si está en la subida Agua Santa, Recreo, Siete Hermanas o Chorrillos, pero ni pensar en un lugar situado en Miraflores Bajo, cerca del Valparaíso Sporting Club.
Los departamentos equipados y que según el número de dormitorios que posean pueden acoger a dos o tres estudiantes que no tengan problemas para compartir con otras personas, parten de 300 mil pesos mensuales y esto depende de la ubicación del edificio: no es lo mismo uno en el sector bajo del balneario que otro que esté en el complejo residencial Forestal o Siete Hermanas, a veces un poco más baratos.
Se exige contrato de marzo a diciembre, mes anticipado y mes de garantía y los corredores de propiedades hacen su agosto en pleno verano.
El costo baja un tercio, aproximadamente, si se consiguen departamentos, casas o pensiones en Valparaíso, pero tampoco es lo suficientemente barato como para que los padres como los de Juan Pablo dejaran de estar inquietos.
No es lo mismo una casita en alguno de los cerros de Valparaíso que un departamento en pleno centro o en uno de Playa Ancha, cercano a la UPLA, o en uno de los que están cerca de la Universidad Católica de Valparaíso, en el cerro Barón, Lecheros, Mariposa, San Juan de Dios, Alegre, Concepción o Ramaditas.
Tampoco lo es si la residencia se ubica en el cerro Los Placeres, Esperanza o Rodelillo, tan cerca y tan lejos de la Universidad Santa María.
En este punto, Juan Pablo y sus padres se detienen y sacan cuentas: pasajes, alojamiento, movilización y algo de plata para el bolsillo significan unos 400 mil pesos mensuales.
A eso, además, deberán sumarle otra buena cantidad de dinero por el arancel de su carrera, alrededor de 200 mil pesos pagaderos cada mes o con crédito con aval del Estado, CAE, porque el sistema sigue operando y ante la incertidumbre general sigue siendo una opción, no la mejor, pero opción al fin.
Los antecedentes corresponden a las carreras que muchos jóvenes magallánicos buscan iniciar en Valparaíso – Viña del Mar.
Pueden variar los lugares, Santiago, Concepción, Valdivia o Puerto Montt. Sin embargo, la situación es la misma; los costos se mantienen, con algunas naturales variaciones: bajan si los jóvenes son acogidos por familiares; si hay aportes de las empresas, de las cajas de compensación o de otras instituciones.
Al final, siempre será carísimo estudiar una profesión universitaria o técnica superior lejos de casa, fuera de Magallanes.
Los jóvenes y sus padres, sobre todo si retornan a su tierra natal con una profesión, saben que el sacrificio, porque lo es y harto, valió la pena.