Cada Año Nuevo en Magallanes es una incógnita. Nadie sabe a ciencia cierta cómo se presentará el primer día del calendario, por lo que todos quienes salieron durante el día de ayer a compartir con los seres queridos lo tomaron como buen augurio para el resto del año. Con algo de lluvia, sol y sin vientos fuertes, el “buen clima” de la región permitió que cientos de familias disfrutaran con tranquilidad estas fiestas.
Parques Chabunco, María Behety y las inmediaciones de Punta Arenas fueron los lugares elegidos para que miles de personas llegaran a pasar un día de campo. Los corderos y las parrilladas se multiplicaron bajo la tradición magallánica, mientras que la infaltable pelota fue el juguete preferido de los más pequeños.
En el caso de la familia Cárdenas Oyarzo, disfrutaron el Año Nuevo junto con un menú para todo el día: cazuela, cordero, parrillada e incluso ceviche para esperar las carnes rojas, como contó Sergio Cárdenas. “Somos una familia bastante numerosa y nos reunimos habitualmente, a las 12 esperamos el Año Nuevo y ahora estamos preparándonos para comer diferentes tipos de carnes. Antes nos juntábamos hasta 60 personas, pero muchos se han ido al norte, de igual forma celebramos todo en familia”, aseguró.
Junto a ellos, Cristián Lagger, cordobés de nacimiento, pasó su primer “Año Nuevo magallánico” antes de partir a la Antártica, como parte de un convenio entre instituciones de Chile y Argentina para el estudio de glaciares en el Continente Blanco. Dejando un lado la investigación, Lagger comentó que “es diferente como viven el primero acá, esto de tener dos comidas tan seguidas, tanta abundancia de comida, pero me gusta”.
En la prolongación de la calle Ignacio Carrera Pinto, Pamela Vargas junto a su familia, entre grandes y chicos, aprovecharon el tiempo para jugar a la pelota, contentos de seguir la tradición: “De hace 10 años venimos al mismo lugar para el Año Nuevo. Salimos de la casa “comidos” con una cazuela y unos choripanes y ahora esperamos el típico cordero”, que estuvo a cargo de Sixto Velásquez, maestro asador que ya lleva más de 50 corderos preparados en estas dos semanas.
Los Mancilla son en definitiva, la familia más antigua en recurrir al lugar, por lo que llegaron con todos los implementos para pasar una buena tarde. Jonathan Mancilla, el representante, dejó a cargo a su padre y su tío para el asado, ya que su deseo para el 2018 es descansar: “No comí ni uva, ni lentejas para no trabajar este año, pero espero que a todos les vaya bien el trabajo, yo me tomaré un año sabático”, contó entre risas, como parte del ambiente que se vivió en estas primeras horas del 2018.