Ir
a una librería era un placer para muchas personas. Ojear los libros,
tocarlos, para algunos incluso olerlos, era una experiencia única que
hace que este tipo de locales sigan existiendo.
Pero como todas las cosas en el mundo, esta experiencia cambió con la pandemia del Covid-19.
En
el Módulo Central de Zona Franca, la librería Entre Páginas, cambio
esta modalidad por un mesón en la entrada, donde la gente tiene que
pedir lo quieren. Para algunos puede ser mucho más rápido y eficiente;
para otros puede ser algo que le quita esa magia a estos locales.
Pero
la salud es lo primero. Así lo explicó su dueña Norma Fariña, que
quiere volver a su antigua normalidad, pero de forma lenta y segura.
“Ahora
que pasamos a Fase 3 igual nos vamos a seguir cuidando. Todavía el
resto del país sigue complicado y sigue llegando gente de afuera. Lo que
vamos a implementar en los próximos días va a ser que dos personas
puedan entrar con un máximo de 15 minutos cada una. Hay que considerar
que la situación sigue complicada y no todos estamos vacunados. A las
personas que ingresen se las va a entregar guantes para que puedan tocar
los libros sin problemas”, señaló Fariña.
A
unos metros de este local, esta la tienda de ropa Jolly, atendida por
Magdalena Balbontín. Ella afirmó que implementaron un sistema donde
dejan la ropa que se prueba la gente en un período de cuarentena antes
de que vuelva a las estanterías.
“La
gente se prueba la ropa en uno de los dos probadores que tenemos y ahí
uno es utilizado para dejar las prendas por dos días de cuarentena.
Además, le rociamos un antibacteria para limpiarla. Pero la gente viene
ya sabiendo sus tallas y se lleva las cosas sin probárselas. O en muchos
casos son para regalos y ahí no hay necesidad. Y si los devuelven,
bueno ahí se hace el proceso de aislar la ropa hasta que pueda ponerse a
la venta nuevamente”, afirmó.
Un
local que estableció algo parecido fue la tienda One Aco. Pero, aquí
se intenta que la gente se pruebe la ropa que va a comprar, según relató
el vendedor Francisco Gallardo.
“Cuando la
persona se ve muy convencido de llevarse una ropa, aislamos la prenda y
la desinfectamos de la forma más cuidadosa posible. La gente tiene que
estar muy segura de lo que escoge, pero en caso de que se arrepienta se
procede al proceso anterior. Estamos intentando de establecer este
modelo para que también sea más rápido para todos”, dijo Gallardo.