El iceberg A-68 intriga a la comunidad científica

Ha pasado un mes desde que la Antártica atrajo la atención del mundo
entero. La plataforma de hielo Larsen C, ubicada en el territorio antártico
chileno, sufría el desprendimiento de una décima parte de su territorio, un
monumental iceberg denominado A-68, con un tamaño similar a la Isla Grande de
Chiloé.

Muchos atribuyeron esta separación como efecto colateral del cambio
climático, un aumento en la temperatura del planeta que estaría mermando la
sostenibilidad de estas formaciones. Lo cierto es que, debido a la separación
del témpano de hielo, la plataforma entera ha perdido estabilidad, por lo que
la verdadera preocupación de los expertos está en el hielo que está detrás de
Larsen C, que sí puede aumentar el nivel del mar en caso de caer a las aguas y
derretirse.

Si bien es un proceso que duraría décadas, al menos el iceberg A-68, a
un mes de desprenderse, ha dado de qué investigar. Actualmente, tiene una
separación con el continente antártico correspondiente a cinco kilómetros.
Además, las imágenes satelitales entregadas por la máquina Sentinel-1 han
mostrado la formación de 11 icebergs menores, siendo el más grande el que
originariamente se desprendió de la plataforma, con una longitud de 13
kilómetros.

Ahora, científicos polares de todo el mundo barajan diferentes teorías
sobre cómo se desplazaría A-68 y las consecuencias que traería su
desprendimiento para el continente blanco

Trayectoria

Hasta el momento, la distancia de cinco kilómetros entre A-68 y la
plataforma Larsen C es algo insignificante, tomando en cuenta que el continente
está en pleno invierno austral. Sin embargo, en el mes de septiembre llegará la
primavera y con ello el desplazamiento del iceberg podría aumentar. Ante este
movimiento hay dos teorías.

Lo más probable es que, dadas las corrientes del Mar de Weddell (donde
está ubicado Larsen C), “se desplace en dirección nordeste hacia las islas de
Georgia y Sandwich del Sur, siguiendo una ruta similar a la del bote salvavidas
de la expedición de Shackleton”, explicó Ted Scambos, del Centro Nacional de
Datos sobre Hielo y Nieve de EE.UU. a medios internacionales.

No obstante, hay una segunda opción, en la cual las corrientes
antárticas no logren desplazar efectivamente a A-68 y sus restos, tras lo que
subirían a través del paso Drake. Una posibilidad que los expertos temen, ya
que podría significar un obstáculo para las embarcaciones que navegan por aquel
paso. Sin embargo, sigue siendo poco factible.

 

Consecuencias

Otro de los análisis que han pesquisado los científicos, luego de
cumplido un mes desde el desprendimiento, es 
un debilitamiento de la barrera Wordie, ubicada detrás de la plataforma
Larsen C. Actualmente, este contenedor natural ha impedido que las corrientes
marítimas boten el hielo antártico, pero al igual que Larsen C, cada día pierde
más fuerza.

“Las barreras de hielo funcionan, básicamente, como el corcho de una
botella. Los glaciares fluyen de la tierra al mar, y el hielo que transportan
acaba absorbido por la barrera. La desaparición de ésta hace que los glaciares
fluyan más de prisa, aumentando el ritmo al cual el hielo se desplaza de la
tierra al mar. Esto tiene una repercusión mucho mayor sobre el nivel marino que
el desgaje de los icebergs”, explican en un informe Chen Zao, Christopher
Watson y Matt Kings, científicos de la Universidad de Tasmania.

Los expertos aseguran que si bien, no se pueden predecir exactamente
las consecuencias del desprendimiento de A-68, el debilitamiento de Larsen C
podría adelantarse, lo cual traería inevitablemente una subida considerable del
nivel del mar.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS