A Sebastián Piñera en
su segundo mandato el país le quedó grande a partir del segundo año, lo
que desembocó en una estallido social el 18 de octubre de 2019. A Gabriel Boric
el país le comenzó a quedar grande a los seis meses, con la dura
derrota que sufrió en el plebiscito de salida de la nueva Constitución,
que se atrevió a declarar públicamente que su mandato estaba a favor.
Grueso error, porque además sus ministros se atrevieron a condicionar el
programa de Gobierno a su propuesta y ¿cómo le respondió el país?
Con
un contundente rechazo. El 62% le dijo que no, con una cifra mucho a
mayor a la que él mismo había alcanzado 10 meses antes en la elección
presidencial.
Es
que como dijo Fabricio Copano en su exitoso show en el Festival de Viña
del Mar “parece a veces que Boric se vistiera con las chaquetas que
dejó botadas Sebastián Piñera. A Piñera las chaquetas le quedaban
chicas, a Boric grandes. Aunque dependiendo de la chaqueta, a veces las
que le quedaban grande a Piñera les quedan chicas a Boric”.
Los dos se sienten incómodos en el traje que intentan por todos lados sobrepasar.
Piñera
terminó incluso con su conglomerado político, que encabezaban la UDI y
RN totalmente quebrados, incluso con muchos parlamentarios dándole la
espalda y con un emergente Partido Republicano levantando por segunda
vez una candidatura presidencial: la de José Antonio Kast, que dentro de
la baraja que tenía la derecha política fue la que más le pudo hacer el
peso a toda una oposición que no quería que siguiera gobernando algo
que oliera a derecha y apoyó al menos malo de los malos que había:
Gabriel Boric.
Porque
no hay discusión y aunque algunos millenial sigan vociferando contra
los 30 años, los postulantes más malos que han llegado a una segunda
vuelta presidencial han sido precisamente Kast y Boric.
Este
ardiente verano, en términos de altas temperaturas y miles de incendios
forestales, ha dejado la sensación de que el Gobierno ha subido en la
aceptación ciudadana, pero no así el Mandatario magallánico, que en 13
días más va a cumplir un año en la Jefatura de Estado y no podemos
contar con los dedos de una mano cuáles han sido los beneficios que ello
nos ha generado a los magallánicos.
Por
eso, por primera vez en la historia la izquierda fue duramente
castigada en la tierra de Boric. El 4 de septiembre pasado la opción que
representaba a la izquierda no llegó ni siquiera al 40% de los votos,
en el mismo terruño donde nació el Partido Socialista de Chile y donde
los comunistas alguna vez se hicieron fuertes y donde hoy no tienen
personeros políticos para instalar como altas autoridades y tienen que
recurrir a afuerinos para que lleguen a comandar la Seremi de Bienes
Nacional o la dirección regional del Servicio Nacional de Menores
(Sename).
Hace
pocos días el escritor y columnista Rafael Gumucio escribía que “el
sistema presidencialista extremo en que vivimos espera exactamente que
ocurra lo contrario de lo que está ocurriendo con el Presidente Boric en
este ardiente verano de todos los descontentos. Se supone que nuestro
orden constitucional quiere preservar al Presidente de los errores del
gobierno y conseguir que este sea un monarca que se relaciona de tú a tú
con el pueblo. Es lo que sucedía naturalmente con presidentes tan
distintos como Augusto Pinochet, Patricio Aylwin, Eduardo Frei
Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Dispuestos todos a quemar
los fusibles de sus ministros y reemplazarlos por otros, para seguir
ellos en ese diálogo subterráneo y muchas veces inconsciente con la
ciudadanía. Algo de eso se rompió con Piñera. Este insistió en ser
también el gobierno y todos sus ministros al mismo tiempo, y decirlo
todo y no callarse nunca. No pudo o quizás no quiso ganarse el respeto
de la ciudadanía, pero sí consiguió, gracias a las “Piñericosas”,
granjearse algo de su simpatía. Nadie lo pudo nunca tomar en serio
porque él mismo parecía complacerse en ser la caricatura de sí mismo.
A
Piñera y Boric le pesan los mismos pecados. Carecen de un real
liderazgo en sus sectores. El dinero no lo hace todo, en el caso de
Piñera. El empresario ya no convencía dentro de su círculo y los más
fieles solo agachaban la cabeza y le decían: ‘Sí, señor’, pero sabiendo
que las decisiones eran erradas.
En
el caso de Boric, el Partido Comunista, a través de Guillermo Teillier
ha roncado mucho más en La Moneda de lo que se cree. Hay muchas
decisiones de un Boric socialdemócrata que no se entienden después de
cuando recibe el instructivo telefónico del Partido Comunista que le
recuerda que son socios y que tienen que seguir siendo socios para
encaminar esto hacia algún lado o bien terminar los 4 años de Gobierno,
porque si se dan la espalda ambos serán grandes perdedores y en el
recuerdo quedará que este intento de llevar a Chile hacia una democracia
de izquierda con privilegios sociales inconcretables, porque
financieramente no le dan a un país que aún sigue siendo pobre. Si de
eso se olvida Boric, porque quizás él no lo vivió nunca, la marginalidad
y la pobreza en las calles existe y mucho en Chile y ello se ha visto
incrementado en los últimos cuatro años.
Boric
igual que Piñera ignoraban muchas cosas antes de llegar al poder,
porque en el ejercicio de sus profesiones nunca tuvieron jefes, nunca
tuvieron que cumplir como cualquier ciudadano de a pie. Llegaron desde
sus cómodas vidas a instalarse en La Moneda para intentar gobernar un
país, intentando ser informales y simpáticos, cuando jamás lo han sido,
porque siempre carecieron de empatía, con sonrisas políticas que llegan
en campaña, pero que al poco tiempo terminan por aburrir al pueblo.
Son
personas inteligentes, astutos, uno a nivel empresarial y otro llegando
a ser Mandatario sin haber terminado una carrera profesional, son seres
excepcionales, pero solitarios. Se cree que están llenos de amigos,
pero no es así.
Tienen
“mañas”, trastornos, tics, heridas no sanadas, son apegados a ritos,
cábalas, que en parte les permiten parecer normales sin serlo casi en
nada. Y aquí vuelvo a reiterar una idea de Gumucio: ‘No han tenido o han
tenido pocos jefes, patrones, maestros o padres severos y que por eso
han conseguido un tipo de libertad, de “patudez”, o de audacia, que les
ha permitido llegar a donde están, lejos, muy lejos de donde se esperaba
que llegaran”.
A
ambos las chaquetas les quedan mal, como dijo Fabrizio Copano, pero lo
peor es que a ambos el país les quedó demasiado grande y el costo lo
estamos pagando cada uno de nosotros.