Prohibir para mejorar la vida de las personas, es una de las tentaciones
políticas más comunes en Latinoamérica. Herederos de la España imperial
y sus hogueras, muchos guardamos un inquisidor y un redentor, que de
tanto en tanto resucita.
La
ministra del Interior, Izkia Siches, presentó el 19 de mayo nuevas
medidas para disminuir el poder de fuego de la delincuencia bajo el plan
“Menos armas, más seguridad”. El último de sus nueve puntos incluye el
envío este mes de un proyecto de ley que prohíbe el ingreso de armas al
país por un plazo de 2 años para civiles. También considera: “Avanzar
en la prohibición general de posesión de armas en nuestro país. La
adquisición e inscripción de armas deberá estar justificada y se
otorgará sólo para fines calificados y excepcionales”.
Josefa
Rodríguez, deportista de tiro Skeet y directora ejecutiva de la
Asociación Chilena del Rifle, declaró que con ello, “lejos de disuadir a
los delincuentes, les da seguridad que podrán violentar a los
ciudadanos sin correr peligro”.
Sobre el papel, sin embargo, la idea de quitar armas a la ciudadanía suena bien, pero ¿funciona?
Hace
nueve años, por estas mismas fechas, en Venezuela se promulgaba la
llamada “Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones”. Hoy, casi
una década después, el Estado venezolano abandona barrios enteros en
manos de las ahora convertidas en megabandas criminales, como el ahora
conocido “Tren de Aragua”, llegado a Chile.
México es otro ejemplo trágico de políticas y resultados similares.
Alejandro
Pérez, presidente regional de la Asociación Chilena del Rifle (ACDR),
explica que “en muchos países donde existen leyes más abiertas al uso y
tenencia de armas, la delincuencia y los homicidios son mucho más bajos
que en los países donde se prohibió y se eliminó, supuestamente, el uso
de armas, pero las armas de los delincuentes, el narcotráfico y el
terrorismo, siempre van a estar, porque son ilegales”.
Pérez
sostiene que en Estados Unidos, donde la posesión de armas es un
derecho constitucional, hay una tasa de 5 homicidios por cada 100 mil
habitantes versus México que registra 26 y Venezuela, 83.
En
Chile, esta cifra fue de 5,7 en 2020, pero creció un 50% en los dos
años anteriores, pese a la dura ley de control de armas aprobada por
Michelle Bachelet y que Gabriel Boric rechazó como diputado, recuerda el
comentarista Tomás Mosciatti.
Pérez
añade: “Si se eliminara esta primera barrera de control contra la
delincuencia que tiene el ciudadano, ¿crees que van a disminuir los
portonazos y los crímenes? No, al contrario, porque el delincuente sabe
que las armas se las quitaron a la población. Si en cambio, él sabe que
en una casa puede haber armas, el delincuente lo pensará dos veces antes
de actuar”.
Respecto
de la crítica de que las armas en manos de la población alimentan a la
delincuencia, Josefa Rodríguez sostiene que solo un 8% de las armas en
manos de civiles han sido reportadas como robadas o perdidas, desde
1972. “El resto, es fruto de la internación ilegal, tráfico, compra
ilegal e, incluso, el traspaso de armamento institucional del Estado a
manos de delincuentes, por sobornos o robo”, añadió Pérez.
Mosciatti
afirmó que “prohibir el que en nuestra propia casa, podamos invocar el
derecho a la legítima defensa, un derecho que existe en todo momento y
lugar, es algo tremendo, que altera la justicia y el sentido común,
reconocidos desde Egipto, Grecia, Roma, los pueblos germánicos, hebreo,
hindú y hasta el Derecho Canónico”.
MAGALLANES
En
Magallanes, la posesión y uso de armas de fuego para la caza, fines
deportivos, coleccionismo y defensa personal tiene larga data, dice
Pérez. “A lo largo de los años, en distintas épocas hubo plagas que
debieron ser combatidas por los propios habitantes de esta región”.
Luis
Vásquez, deportista y concejal de San Gregorio, ha sido cazador por más
de 20 años. También él, se muestra en contra. “Está bien que fiscalicen
y las armas cortas quizá se podrían prohibir, no sé. Pero las armas
largas de caza no las puedes prohibir. Entonces, prohíbamos los
cuchillos, porque alguien mató a otra persona con un cuchillo,
absurdo… Estaríamos eliminando un deporte que está íntimamente ligado
con la supervivencia del ser humano. Ahora, empezó la temporada de caza
de la liebre. Hay mucha gente que se dedica a eso. Son tradiciones que
la gente lleva por años. Conozco a muchas familias que durante toda su
vida, padre e hijo, se dedicaron a la pesca y la caza y ahora esa
generación está muriendo, porque les han puesto un montón de trabas que
han cumplido pero les ha costado. Si les quitas esa entrada de dinero
que es altísima, los complicas. Hay un matadero que se dedica a exportar
la liebre a Holanda y le da trabajo a un montón de gente. ¿Y qué vas a
hacer con el castor?, un animal nocturno, súper inteligente que solo los
cazadores expertos pueden cazar. Hay un montón de aristas. Estoy de
acuerdo con controlar la delincuencia todo lo que quieras, pero eso es
una cosa y esto es algo muy diferente”.