En medio de la
preparación de un kuchen de frutos rojos con crema pastelera interrumpimos a
Johana Nuñez Díaz, técnico en Turismo y esposa del sargento Segundo Carlos
Santana, de especialidad farero.
Junto a sus dos
hijas: Valentina, de 8 años, e Ignacia, a días de cumplir cinco, viven en Faro
Dúngenes, a 270 kilómetros de Punta Arenas.
“Mi marido y su
compañero controlan el tráfico de los buques que llegan hasta acá” dice Johana
con orgullo.
La Armada de
Chile realiza cada año un llamado entre sus servidores para llenar los cupos en
los faros. Una especialidad de características particulares que no sólo pone a
prueba el compromiso del marino, si no que de todo su grupo familiar.
Debido a la
carrera de su marido, eligieron un estilo de vida poco conocido.
“Para no pasar
períodos tan largos en soledad (de cuatro a 6 meses), decidí dejar mi carrera
de Fonoaudiología y optar por una vida en familia, que entre suma y resta, es
lo mejor que nos ha pasado por que hemos ganado mucho como familia”.
Los Santana Nuñez
tienen experiencia en aislamiento. Han vivido en Faro Fairway y Espíritu Santos.
No puede comparar cada experiencia porque cuenta que cada etapa ha sido
distinta.
“La diferencia es
que ahora somos cuatro y las niñitas quieren estar las 24 horas con nosotros.
Eso es muy bueno para la familia, pero también es complejo porque hay que
diferenciar los roles”, cuenta Johana haciendo referencia a las múltiples
tareas que debe ejercer una señora de un marino farero.
“A parte de la
mamá, también soy la profesora y a Valentina le costó entender al principio que
cuando le enseñaba me tenía que hacer caso porque era su profesora y no su
mamá”.