La agenda valórica que impulsa el Gobierno en temas tan sensibles para el mundo evangélico como la despenalización del aborto en tres causales, uso de la marihuana con fines medicinales, identidad de género, matrimonio igualitario, derechos de la infancia y Reforma Educacional, continúa generando fuertes respuestas de los líderes espirituales de esa confesión religiosa, que apoyan los conceptos vertidos por el obispo David Paillán, presidente de la Confraternidad de Pastores Evangélicos.
Defensa de la vida
Una posición similar planteó ayer el pastor de la Iglesia Gracia y Paz de Punta Arenas, Jaime Bravo, quien hizo una férrea defensa de la vida del que está por nacer.
Bravo dijo que -independientemente de la causal que se esgrima para interrumpir el embarazo- lo que debe prevalecer “son los derechos humanos del ser humano que se está gestando en el vientre materno. Y el principal derecho es el de la vida. La madre ni nadie tienen derecho a cortar esa vida. Sólo la muerte natural puede poner fin a la vida de un ser humano”.
Mesa redonda con la DC
Según el pastor, los otros proyectos “ideológicos” del Gobierno afectan a las personas que deben tomar una decisión respecto de ciertos temas como identidad de género y matrimonio igualitario, pero la despenalización del aborto afecta la vida no sólo del que toma la decisión, sino también la de otro. “Eso fue exactamente lo que yo planteé en una mesa redonda convocada por la Democracia Cristiana, en la que no usé ningún argumento religioso, sino basado sólo en los derechos humanos y la medicina”, puntualizó.
Protegen a la madre
Sostiene que desde hace muchos años en Chile no muere ninguna mujer que esté en peligro de vida durante el embarazo. “Si se le pusiera atención a los médicos, que son quienes están involucrados en estos casos, resulta que en nuestro país no se deja morir a una mujer embarazada cuando su vida está en riesgo, los facultativos siempre intervienen. El marco legal y la práctica médica existentes salvaguardan efectivamente la vida de las mujeres, por lo que podemos decir que el país tiene la tasa de mortalidad asociada al embarazo y al parto más baja de América, exceptuando a Canadá. Entonces, por ningún lado se puede decir que tenemos un problema de salud de madres que están muriendo porque no se les protege cuando su vida está en riesgo. Por ejemplo, en los casos de preeclampsia se interviene a tiempo para salvar la vida de la madre, pero además, siempre que es posible, el niño nace, no se le mata, no se le aborta. En otros, como los embarazos ectópicos, el resultado es que termina abortándose, pero es porque el procedimiento busca proteger a la madre, no la muerte del embrión o feto. Es lo que tenemos ahora, por lo tanto, no es necesario ningún tipo de legislación. No necesitamos ningún cambio, no hay ninguna cifra médica que mejorar. Pero, por el contrario, se abren puertas y subterfugios para que existan prácticas ilegítimas que invocan el supuesto peligro de vida de la madre”.