En Magallanes, 612 escolares no se matricularon en el sistema en 2015

La deserción escolar es un tema que ocupa a las autoridades y docentes, quienes  en contacto con los alumnos detectan diariamente las falencias y también las bondades de un sistema que acoge a los niños y adolescentes, pero que a veces también los segrega y no les da opciones reales de permanecer. Porque la educación es un derecho y también una obligación, coinciden Hermes Hein, ex secretario general de la Cormupa, y José Raúl Alvarado, ex seremi de Educación. Estos reconocidos educadores magallánicos también reconocen que existe un origen reconocible y claro del abandono temprano de las aulas: la familia, dentro de las cuales muchas veces se empuja a los niños y niñas hacia el ámbito laboral, sin considerar que tras esa decisión se hipoteca no sólo su futuro, sino también el del país.
Las cifras
Si bien es cierto las cifras en la Región de Magallanes no son superiores a las del promedio nacional, no por eso son menos importantes y una campanada de alerta para todos. Según un estudio estadístico del INE y el Centro de Estudios de la División de Planificación y Presupuesto del Ministerio de Educación, de un total de casi 3 millones de niños y jóvenes que debieron haberse matriculado (cálculo teórico que considera edad y tasa de fallecimiento) en Chile en 2015, casi 86 mil desertaron del sistema, por diversas razones, con una tasa de incidencia del 2,9%.
En Magallanes, de casi 27 mil estudiantes que idealmente debían matricularse el año pasado, 612 no lo hicieron, lo que representa una tasa de incidencia del 2,3%, sólo tres décimas menos que el resultado nacional.
Causas diversas
Para Hermes Hein, la deserción es un tema antiguo en el sistema. “Lo preocupante es que las cifras tampoco han descendido sustancialmente, por el contrario. Ahora, a pesar de que se incentiva económicamente a los sostenedores para procurar la retención, eso no ha sido suficiente. Los factores son diversos, por ejemplo, la situación económica, hay muchos jóvenes que se incorporan a la vida laboral sin terminar la enseñanza media; asimismo la marginalidad, la desadaptación y las familias que no se preocupan de que los niños asistan al colegio, teniendo la edad para hacerlo. Por tanto, siempre ha quedado en el aire que la enseñanza es obligatoria, por más que lo diga la ley. Una cosa muy distinta es hacerla cumplir. El embarazo adolescente también incide, a pesar de las facilidades que entrega hoy el sistema, muchas madres jóvenes no retornan. Desde los propios establecimientos educacionales se han hecho esfuerzos importantes, pero nunca son suficientes, porque la formación que se da en las escuelas de repente es muy rutinaria y parte del hecho de la normalidad, no se ocupa de los casos excepcionales. En el nivel básico hay un mayor seguimiento, pero no así en el técnico profesional, desde el cual desertan muchos jóvenes hacia el mundo laboral sin haber terminado su especialización”, concluye Hein.
Incorporación al trabajo
El ex seremi de Educación José Raúl Alvarado coincide con Hermes Hein en que el tema de la deserción es recurrente, “a pesar de que la política educacional de los últimos años apunta a ampliar la cobertura para que lleguen más niños, niñas y adolescentes al sistema, a través de la jornada escolar completa y la gratuidad, la respuesta no ha sido la esperada. El principal factor de ello es la procedencia familiar de los educandos, casi siempre de los sectores más vulnerables y desposeídos, que desean que cuanto antes salgan sus hijos a trabajar, cuando en realidad debiera ser todo lo contrario, porque sólo educándose podrán salir del círculo de la pobreza. Debiera haber más asistencialidad social, de visitas a los hogares y de apoyo para que ese niño o niña vaya a la escuela. Y en esta tarea también la justicia se debe involucrar, exigiendo que se cumpla el derecho a la educación”.

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