Esta
gran masa, que es el doble del área de Santiago, y pese a lo llamativo,
es natural que sucedan estos desprendimientos hacia las costas, dice el
doctor y climatólogo de la Universidad de Santiago, Raúl Cordero.
El factor del cambio climático también incide en estos eventos, reconoce Cordero.
“El
flujo glacial en la Antártica se ha acelerado de manera significativa
en las últimas décadas como consecuencia del cambio climático. En
particular, debido al debilitamiento de las plataformas de hielo
flotantes originado en el alza en la temperatura del océano. Por lo
tanto, aunque no es posible atribuirle al cambio climático la formación
de este nuevo iceberg, tampoco se puede descartar que el flujo glacial
acelerado, mucho más evidente en otras zonas de la Antártica, haya
jugado un rol”, dice.
Pese a este desprendimiento, el iceberg no significa peligro para la navegación, señala Cordero.