Trabaja
hace dieciseis años en la Municipalidad de Punta Arenas. Si bien no se
encuentra en el edificio principal, ubicado en la Plaza de Armas de la
comuna, siente como una funcionaria más las críticas que han caído sobre
el municipio por las nulas facilidades que hay para la gente con
discapacidad.
Ema
Barrientos, quien nació sin piernas ni brazos, se hizo conocida en el
año 1978, cuando su caso fue uno de los más potentes de la primera
Teletón de la historia. “Mi caso era llamativo por ser la niña que venía
de la zona más austral”, reflexiona.
La
trabajadora, sin embargo reconoce que, tanto el municipio, como la
ciudad en pleno, no cumplen con las condiciones mínimas para que las
personas con algún tipo de discapacidad se desenvuelvan de manera
tranquila.
“En
la Municipalidad ningún edificio está habilitado para recibir a gente
con discapacidad. Yo tengo la suerte de que donde trabajo hay un acceso.
Este es un local arrendado, pero con el tiempo se hicieron ramplas. En
parte pensando en mí, pero también pensando en la gente con discapacidad
que venía para acá”, señala.
Por
lo mismo, se muestra agradecida por el trato que ha tenido desde que
empezó a trabajar en el edificio de Avenida Colon 1209. “La experiencia
ha sido buena, me han tratado como a cualquier otra persona. Tengo
responsabilidades y ocupaciones normales de cualquier funcionaria”,
expresa.
Experiencia en la Teletón
Barrientos
recuerda con gran cariño su paso por la institución, en una época en
donde todavía no estaba tan masificada, y ella debía viajar muchos
kilómetros para poder acceder a una rehabilitación.
No
solo eso, sino que además Teletón le permitió a la joven estudiar, tras
un episodio de discriminación que vivió en Punta Arenas. “La
institución me sirvió de mucho, porque cuando me cerraron las puertas en
la escuela, y me mandaron a una escuela especial, fue ahí donde me
terminé educando. No solo me ayudó con mi rehabilitación, sino que me
educó”, relata.
Por
lo mismo, Barrientos es clara en considerar que a la capital regional
le falta mucho para considerarse una ciudad amigable a la hora de tratar a la gente con discapacidad.
“Creo
que a Punta Arenas le falta para ser una ciudad amigable con la gente
con discapacidad. En muchos edificios no se puede ingresar. En los
bancos, por ejemplo, es imposible. En otros lados hay implementos, pero
si estás sola, necesitas pedirle a un guardia, esperar afuera y termina siendo muy engorroso”, relató.
Además,
cerró diciendo que “no hay sensibilidad. Hay ciertos lugares en donde
hay letreros para la gente ciega, pero eso es algo mínimo. En otros
lugares hay semáforos con ruido. Estamos a años luz para que la gente
con discapacidad pueda desenvolverse tranquila en la ciudad”.