Catalina
Fernández es alumna de quinto año de Geografía de la Universidad de
Chile y a través de un proyecto de Fondecyt se trasladó a la región para
realizar una pasantía en la Universidad de Magallanes donde realiza
unos estudios respecto del impacto del cambio ambiental en la zona del
Glaciar Grey a través de los árboles como la Lenga.
Durante
su venida desde la capital a Punta Arenas, justo comenzó el brote con
el primer caso a nivel nacional (Talca el 5 de marzo) y posteriormente
lo que ha sucedido a nivel regional, entre la crisis sanitaria que tuvo
al borde del colapso hospitalario al Hospital Clínico de Magallanes, y
también la cuarentena que vivió la zona durante cinco semanas, lo que
llevó en algún minuto a tambalear su estadía en la región y junto con
eso también, la pasantía que realiza a través del Instituto de la
Patagonia.
Pero
a diferencia de lo que muchos estudiantes que estuviesen en su
situación, Catalina decidió continuar con su investigación trasladando
un pequeño laboratorio hasta la casa de hospedaje que arrienda en Punta
Arenas, la cual quedó habilitada en base a lo que requería para su
trabajo.
– ¿Cómo fue toda esta situación que para muchos es algo, por decirlo, extraño?
“Llegué
aquí el 4 de marzo cuando estaba recién comenzando el tema del
Coronavirus en el país y al día siguiente se conoce el primer caso de
contagio en Chile. Yo venía con la idea de trabajar presencialmente en
el laboratorio de Botánica del Instituto de la Patagonia de la
Universidad de Magallanes”.
“Mi
práctica profesional se desarrolla en el Centro de Investigación GAIA
Antártica, bajo la tutela de Juan Carlos Aravena, entonces, venía con la
idea de asistir a través del proyecto Fondecyt y realizar algunas
salidas a terreno, claro que todo eso se iba ir viendo en el camino,
pero el Coronavirus vino a alterar todo el escenario”.
– ¿Cuánto tiempo alcanzaste a trabajar presencialmente?
“En
el laboratorio de Botánica alcance a trabajar un mes de manera
presencial y después ya el 1 de abril se decretó la cuarentena acá en
Punta Arenas, así que hasta ahí quedé en ese minuto”
– ¿En algún momento con todo lo que estaba sucediendo pensaste en volver a Santiago?
“La
verdad cuando todo comenzó igual me dio susto, yo decía, ‘¿Me tendré
que ir igual?’ a pesar que no quería, pero mi profesor me preguntó si
quería quedarme y le dije de inmediato que sí, porque igual ya estaba
aquí e irme iba ser muy lamentable, yo quería quedarme”.
– ¿Qué dijeron tus padres cuando se enteraron de tu decisión de quedarte en la región?
“Mis
papás siempre me preguntaban qué iba hacer, pensaban que a lo mejor iba
a regresar, mientras yo les decía que no quería, ahí entré a conversar
con mi profesor y con la gente del programa de Movilidad Estudiantil de
la Universidad, ellos me contaron que de todos los que postularon
finalmente fui la única que pude viajar y seguir con el programa
adelante”.
– ¿Cómo fue eso?
“Las
personas del programa de Movilidad me comentaron que finalmente de
todos los que postulamos, fui la única que alcanzó a realizar el viaje y
continuar con el proceso. La verdad me dio mucha lata saber eso por
todos los que postularon tenían todo planificado para irse a otras
regiones y esto no les permitió, los de Movilidad me dicen que soy la
‘esperanza’ del proyecto, el caso especial del cual están todos
pendientes con todo esto, sigo más motivada para poder terminar todo mi
proceso”.
– ¿Cómo fue esto de levantar un laboratorio en tu pieza?
“El
profesor Aravena se ofreció a traerme el equipo, el cual inicialmente
era solo la lupa y con eso me mantuve trabajando harto tiempo acá en la
casa y afortunadamente me llevo súper bien con la dueña de la pensión
entonces pude trabajar sin problemas”.
“Inicialmente
yo estaba en otra habitación que tenía solo un escritorio, ahí solo
alcanzó a estar la lupa, tuve que ingeniármelas para quedar lo más
cómoda posible. Después la dueña de la casa me dio la opción de
cambiarme a otra habitación, ahí me pasó otro escritorio y ahora estoy
lejos más cómoda que antes”.
“Al
final en mi pieza tengo la lupa, un carril donde puedo analizar gracias
a un computador las imágenes de las lengas. Ahí nuevamente la dueña de
la casa me pasó otra cómoda más, finalmente el equipo completo lo
habilité en tres muebles”.
– ¿En que se basa tu trabajo aquí en la región?
“El
proyecto busca reconstruir la historia de la afectación de glaciares a
través de pequeños análisis de glaciares de montaña. Específicamente
estoy trabajando en la dendocronología, que es la disciplina que
estudia la relación entre los árboles y el tiempo, en este caso solo
estoy trabajando con Lengas, con muestras que están cercanas al Glaciar
Grey. Son muestras que han sido recolectadas durante 2015, entonces con
esas muestras estoy desarrollando mi estudio”
Actualmente
Catalina continúa desde su casa realizando sus investigaciones a la
espera que la situación le permita retornar sin problemas al
Laboratorio de Botánica, y a su vez, también conocer insitu el Glaciar
Grey.