Hecho en Chile

¿De qué sirve tanto esfuerzo, tanto sacrificio?

Hay que invertir en tecnología, en ciencia, en sostenimiento medioambiental, ¡hay que invertir en educación, más, mucho más!

Urge
formar, urge apoyar a los científicos y técnicos chilenos, urge proveer
un notable incremento de fondos concursables de investigación y
tecnología.

Es necesario revertir el alto, el altísimo grado de dependencia de la tecnología y del avance científico de otros países.

Ya
no más Hecho en India, Hecho en China, Hecho en Indonesia, Hecho en
Malasia,.. sé que es mucho pedir, sé que es soñar, pero es necesario
contrarrestar, y dejar de mirar, ¡hay que actuar, hacer! ¿Hacer qué?
Investigar, estudiar, analizar, explorar, probar, emplear, usar la
materia prima, alguna parte de la que exportamos, y vaya que hay algunas
valiosas, supervaliosas; no las mencionaré, no, no quiero alertar (ja,
ja, ja).

Es
necesario poner coto a la gran dependencia de la importación de una
infinitud de productos esenciales y no esenciales provenientes de otras
latitudes y, muy por el contrario, es imprescindible animar la
fabricación de más y más productos en Chile. Es primordial que se
subsidie dicha producción, es imperioso que el Estado haga su aporte,
como concurre con sus subsidios en otras áreas. Se contribuiría así a
dar trabajo a los productores, a mano de obra especializada chilena.

Pero
quiero cambiar de foco. La educación superior chilena ha tenido los
últimos años una considerable expansión, diversificación y actualización
en su oferta de estudios de pregrado, mayor en las universidades, y
menor, hay que reconocerlo, en los institutos profesionales y centros de
formación técnica. No obstante, se aprecia mayor ingenio en activar
nuevo conocimiento según demanda del desarrollo del país.

Sin
embargo, ante el reconocimiento de la incidencia de lo científico, de
lo tecnológico, de la innovación en el desarrollo de un país y sus
habitantes, lo que cabe es la acción.

Incrementar el presupuesto de la nación en ciencia,
tecnología e innovación, de manera tal que se pueda retener a
académicos e investigadores chilenos, y así no migren a destinos
extranjeros, o promover el retorno de muchos que en el pasado reciente
partieron a centros de investigación en universidades extranjeras; esta
misma medida o disposición puede, podría revertir progresivamente que
seamos menos dependientes de tecnologías, de productos de origen
foráneo.

¿Soñador, utópico, irreal?
Todo lo anterior, pero si no nos lo proponemos, nunca será. Es
necesario dar valor agregado no a productos nacionales, sino a quienes
tienen la potencialidad de concebirlos, y producirlos, aquí, en Chile.

¡Hecho en Chile! (Made in Chile!) Esa es la meta.

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