El
procedimiento también involucró al Complejo Penitenciario de Punta
Arenas. Se desalojaron a 86 internos en dos módulos y se logró el
decomiso de una sustancia verdosa aún no identificada, siete teléfonos,
dos cargadores, un cable USB y siete chips.
El hallazgo más insólito correspondió a una máquina tatuadora que los propios internos habrían fabricado.
El
director nacional de Gendarmería, Sebastián Urra Palma, aseguró que
“estos procedimientos llegaron para quedarse por lo efectivo, porque
producen y transmiten paz al interior de los recintos penales, donde
notoriamente se han reducido los fallecimientos y las agresiones han
bajado en el último tiempo”.