Industria acuícola en el ojo de la tormenta

Hace
pocos días, Porvenir salió a despedir en masa el cuerpo de una de sus
figuras políticas más relevantes de los últimos años, la exalcaldesa y
gobernadora de Tierra del Fuego, Sylvia Vera.

La
lucha de esta militante socialista por impulsar contra viento y marea
el difícil desarrollo de Porvenir, fue reconocida por moros y
cristianos.

Su
mayor legado fueron las leyes de excepción que permitieron la llegada
de nuevas empresas, donde la más importante para esta pequeña y aislada
ciudad, por lejos, ha sido Nova Austral, empresa acuíc
ola cuyos cientos de
empleos directos e indirectos, dan vida a buena parte de Tierra del
Fuego, desde las mujeres que procesan la producción hasta el último
taxis
ta y comerciante de la ciudad, como bien lo describe el concejal Carlos Soto.

Sin embargo, la empresa vive momentos especialmente difíciles, su futuro pende de un hilo.

Para
cientos de sus trabajadores, la preocupación y la angustia son pan de
cada día. Un dirigente sindical retrata así su día a día. “Antes uno
recibía sus tres comidas durante el día, con un almuerzo abundante y un
buen postre. La empresa pagaba el suministro de alimento para el pescado
y todo marchaba normalmente. Ahora, en el casino apenas si hay algo
para comer y el alimento para el pescado cuesta muchísimo conseguirlo,
la deuda con los proveedores es mucha y por ello, ya no puedes pagar el
alimento si no es en efectivo. Se están gastando hasta la plata de la
caja chica para pagar eso y, por lo tanto, hay mucha incertidumbre entre
todos los que trabajamos día a día. Uno llega a la casa y la pregunta
siempre es la misma, ¿qué pasó hoy?, ¿supiste algo? Yo no defiendo lo
que hizo la empresa en el pasado, pero uno vela por su familia, la
educación de sus hijos pero hay una presión tan fuerte de las ONG y los
pueblos indígenas que uno siente que por cada paso que das, retrocedes
dos y así es muy difícil mirar al futuro”
.

Hoy,
la pequeña ciudad de Tierra del Fuego ha pedido la ayuda del Gobierno
Regional para enfrentar esta situación, el cual acordó de manera unánime
generar una mesa de trabajo público privada para monitorear y estudiar
posibles medidas que permitan apoyar, dentro de sus atribuciones, a la
empresa y, sobre todo, que los trabajadores no queden en la indefensión
en caso que la situación se agrave.

Pero
no es solo Nova Austral, una acuícola que enfrenta graves dificultades
en la región. Al otro lado del Estrecho de Magallanes, en la pesquera
Tierra del Fuego, perteneciente al grupo Australis, el ambiente es
igualmente tenso. “Hay tan poca gente en las líneas de producción que da
pena. El ambiente se corta con tijeras y nadie sabe nada, nadie te
dice nada”, comenta un trabajador.

Australis
enfrenta cinco procesos sancionatorios ante la SMA y una demanda ante
el Centro de Arbitraje de la Bolsa de Comercio de Santiago por parte de
un inversionista que quiere de vuelta su dinero tras enterarse de
aquello.

La industria acuícola regional, la mayor exportadora de la región, está en el ojo de la tormenta internacional.

Este
verano, llegó a Punta Arenas un velero de Greenpeace con el objeto de
denunciar a la industria ante la opinión internacional y ya se anuncia
otro de Oceana con igual cometido.

Mientras, la fundación Pristine Seas emitió un documental tan negativo que la industria
salió a desmentirlo con fuerza. Es tal el rechazo ideológico, que
cuando la Asociación de Salmonicultores de Magallanes salió a defenderse
con las mismas herramientas, Greenpeace llegó al extrema de intentar
censurarlo a través de tribunales, lo que en definitiva, no prosperó.

Como dice el presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes, Carlos Odebret, “hay ONG que han proclamado públicamente que quieren una Patagonia sin salmoniculturas”.


IMPORTANCIA

La
industria acuícola es hoy la principal industria exportadora de la
Región de Magallanes y cerró el año pasado con una producción de 160 mil
toneladas, lo que significó un balance “que salvo por el virus ISA
terminó el año sin mucho sobresalto para el sector”, nos dice el
presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes, Carlos
Odebret.

En
enero fueron cultivadas 13 mil 817 toneladas de salmón del Atlántico y
trucha Arcoíris, un 4,4 por ciento menos que en igual mes del año
pasado.

Más
importante aún es que el sector genera más de 4 mil empleos directos a
nivel regional, en forma directa y otros tantos en forma indirecta.

En enero de este año, había 42 centros de cultivo operativos en la región, esto es nueve menos que en enero del mismo año.

Sin
embargo, también hay restricciones sanitarias que acatar, por lo que
una de las 21 agrupaciones de concesiones salmonídeas tuvo que someterse
a descanso sanitario, lo que implica que durante un período de tiempo
los centros de cultivo integrantes de la agrupación respectiva, cesen
sus operaciones y retiren la totalidad de ejemplares del centro,
quedando prohibido el ingreso y mantención de especies hidrobiológicas
en él. Lo anterior con la finalidad de permitir que los espacios marinos
utilizados durante el período productivo, se limpien de los desechos
propios del proceso involucrado; e interrumpir el ciclo biológico de
organismos patógenos.

UN GRAN PERO…

Sin
embargo, es en lo político y comunicacional donde la preocupación se ha
tornado cada vez más difícil, sobre todo desde que la campaña
internacional en contra de la industria acuícola en la Patagonia se
intensificara en 2019.

En
Chile, cuatro concesiones acuícolas de Nova Austral, que estaban siendo
tramitadas contra viento y marea, en medio de acciones judiciales de
Greenpeace, fueron finalmente caducadas en mayo de aquel año por la
Subsecretaría de Pesca.

Tres
meses después, el destacado chef internacional argentino Francis
Mallman, sacó el salmón de sus restaurantes y se unió a la campaña
contra la presencia de salmoniculturas en el canal Beagle.

En
2021, Argentina se convirtió en el primer país en el mundo que dicta
una ley que prohíbe las salmoneras en una parte de su territorio,
específicamente en la provincia de Tierra del Fuego, cuya legislatura
aprobó la medida en junio de aquel año.

Carlos
Odebret sostiene que esa presión ha sido significativa este año y
recuerda el paso del buque de Greenpeace, el de Oceana que está en
camino y la polémica por el video de Pristine Seas. “Es una fuerte
presión la que estamos sufriendo. Llegan de visita y no miden las
consecuencias y si las miden no les importa, han dicho claramente que su
objetivo es dejar una Patagonia sin salmoneras”.

Odebret
recuerda que en Magallanes esa presión se ha expresado en normativas
cuyas consecuencias han resultado especialmente negativas para el futuro
del sector.

Recordó
en este sentido la creación en 2019, de una reserva nacional de 2,6
millones de hectáreas en un territorio donde había concesiones acuicolas
anteriores a su creación, recalca. “En este caso, no parece ser
entonces un problema de la industria, sino del Estado en su
planificación”.

 

-¿No es un tema político.

“Siempre
se requiere cierta planificación pues eso ayuda a la construcción de
certezas. Había concesiones y solicitudes de relocalización que estaban
en curso, empresas que estaban saliendo de un parque para llegar a otro
destino, llevaban ocho, nueve años en un proceso de relocalización
impulsado por el mismo Estado y entonces esas solicitudes quedan dentro
de otra reserva, y luego las ONG aprovechan ese hecho judicializando el
tema”.

Aunque
Nova Austral no es parte de la asociación, Odebret no puede dejar de
mencionar que fue esa circunstancia la que generó una condición de gran
incertidumbre para esta empresa “y con ello a toda una ciu
dad y lo mismo pasa con otras solicitudes donde se solicita los espacios marinos costeros de pueblos originarios”.

Odebret
acusa que “existe una estructura, una planificación de acción
deliberada por acciones gubernamentales para impedir el desarrollo de la
actividad y dejar una Patagonia sin salmoneras”.

– Frente a esta presión internacional, ¿han tenido diálogo con el gobierno?, ¿les ha expresado algún tipo de respaldo?

“El
gobierno ha propuesto una ley de acuicultura, lo que nos parece muy
bien porque abre la discusión sobre el futuro de la industria de un
desarrollo sostenible. Pero el desarrollo sostenible tiene dos
variables, la primera es el desarrollo propiamente tal, que involucra
crecimiento, generación de empleo y por la otra que este sea conforme a
las actuales necesidades del mundo para que pueda perpetuarse en el
tiempo a t
ravés del control de sus efectos ambientales”.

Es en este punto, donde Odebret siente que se ha producido una suerte de desbalance perjudicial. para el sector y el país.

“No
nos hemos sentado a conversar como país sobre la palabra desarrollo en
el mundo de la acuicultura. Desde 2016, se tiene cerrada toda nueva
solicitud de concesión de salmoniculturas en Magallanes y desde 2012 en
el resto del país, y esa conversación sobre desarrollo en el sector
acuícola no está sobre la mesa. Para las ONG no debe haber desarrollo,
sino conservación”.

– ¿Y cómo afecta a esta discusión hechos como el virus ISA y otros?

“Lo
que pasa es que para eso hay reglas del juego, cuando tenemos
externalidades como lo son las mortalidades masivas, que ya el nombre es
bastante fuerte, bueno eso hoy está controlado. No hemos tenido otra
mortalidad masiva desde 2016, lo que ocurre es que existe una regulación
que obliga al manejo adecuado y el control de las mismas. En el caso
del virus ISA en dos semanas los peces fueron cosechados, se controló el
brote adecuadamente de modo que no se extendió a otros centros de
cultivo y no generó efectos ambientales. Eso tiene que ver con las
capacidades que vamos construyendo de control y aprendizaje de la propia
industria y el aprendizaje regulatorio que nos permite enfrentar la
situación en forma cada vez mejor”.

-¿Qué pasa con Australis?

“Australis,
está en un proceso de arbitraje y existe también una autodenuncia,
sobre el exceso de producción, y para eso de nuevo destacar la
existencia de una institucionalidad ambiental. Lo que tenemos,
finalmente, son situaciones que están siendo abordadas de acuerdo a una
institucionalidad,
pero
las conversaciones sobre el desarrollo no pueden estar impedidas por
las situaciones particulares, porque para eso hemos construido una
institucionalidad ambiental cada vez más fuerte, lo que no tenemos es
una institucionalidad para conversar sobre el desarrollo, no tenemos un
proceso de planificación d
el futuro de la industria”.


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