Como
Lithodes santolla se le conoce científicamente a la centolla
patagónica, una especie depredadora que despierta gran interés
económico. Aunque a la vista se le reconocen ocho patas, en realidad
posee diez y generalmente se alimenta de invertebrados del fondo marino.
Respecto a su distribución en el país, esta va desde Valdivia hasta
Tierra del Fuego y en el Estrecho de Magallanes; mientras tanto, en
Argentina vuelve a aparecer en el golfo de San Jorge y en el sector
norte de la provincia de Chubut.
Pese
a que existen diversos estudios en su fase adulta, hay escasa
información respecto a sus fase más joven. De esta manera, un equipo de
científicos se centró en analizar la estrategia de alimentación de la
centolla en estados juveniles dentro y fuera de los bosques de algas. La
investigación fue liderada por científicos del Centro de Investigación
Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL), la
Universidad de Magallanes (UMAG), la Universidad Austral de Chile (UACh)
y la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC).
El
estudio se llevó a cabo recolectando muestra juveniles de centolla en
la bahía Águila, al sur de Punta Arenas. Posteriormente se analizó el
contenido del estómago y de isótopos estables. Mediante estas
herramientas se determinó la variación en la composición de la dieta.
Uno
de los resultados más importantes obtenidos fue que se logró determinar
que existe una alta incidencia de canibalismo: el análisis de los
juveniles más grandes arrojó que el 40% tenía evidencias de haber
depredado sobre los pequeños. El canibalismo solo se había registrado en
cautiverio hasta ahora.
A su vez, el Dr. Luis Miguel Pardo, autor del estudio, investigador del Centro IDEAL, explicó otra relevante conclusión lograda.
“Con
esta doble metodología pudimos establecer que existen diversas etapas.
Cuando el individuo es pequeño se considera críptico, es decir, se
esconde y mimetiza con el ambiente de huiros. Sin embargo, en el periodo
juvenil más tardío las centollas son vágiles, lo que quiere decir que
tienen pequeñas excursiones de forrajeo fuera del bosque y a mayor
profundidad, accediendo a una mayor oferta de alimentación”.
“El
conocimiento de las etapas tempranas de vida nos puede ayudar a futuros
planes de conservación y manejo del recurso centolla, tales como
eventuales programas de repoblamientos”, concluyó el Dr. Pardo.