Si las praderas de la región, desde la comuna Torres del
Payne hasta Timaukel y desde los campos de la Vega Fabres hasta las de Teniente
Merino, pudiesen hablar más de lo que gimen cuando el viento sacude a los
coironales, tal vez los humanos pudiéramos escuchar suspiros de alivio.
Ese mismo hipotético e imaginario suspiro también podría
surgir de los bosques de lengas , de los renovales que están al sur de las
pampas fueguinas y que, por estos días de invierno, están cubiertos de nieve.
¿Y por qué suspirar de alivio?
¿Es que, quizás, los seres humanos empezaron a utilizar otro
material que no sea la madera para construir sus casas, sus muebles y todo lo
que ese noble producto permite construir aquí en la zona, en el país y en el
extranjero?
¿Y los coironales, qué razón tendrían para suspirar
aliviados? ¿Se rebaja el número de ovinos en las praderas? ¿Hay agua suficiente
para combatir la sequía que provoca la falta de lluvias y de nieve y que
aumenta el viento?
Nada de eso.
Una medida administrativa que emanó del Servicio Agrícola y
Ganadero, SAG, va a traer ese tranquilizador suspiro a los coironales y a los
bosques de nuestra región austral: se ha autorizado la caza de cinco mil
guanacos.
No es una cantidad demasiado alta si se toma en cuenta que
los recientes cálculos y censos, realizados con medios científicos y a cargo de
destacados profesionales del agro, estiman que la población de guanacos alcanzaría a unos 280 mil ejemplares, que
ciertos ojos más nerviosos hacen aumentar a unos 300 mil animales salvajes.
La directora regional del Servicio Agrícola y Ganadero,
María Isabel Sánchez, destacada médico veterinaria, ha sostenido que “de forma
sustentable y amigable”, es posible controlar la población de guanacos.
Eso implica disminuir una amenaza para la explotación
ganadera, ya que los animales ovinos podrán disponer de mayor cantidad de
pastos.
Al mismo tiempo, esa disminución, aunque parcial de la
población de estos auquénidos, veloces, graciosos y atractivo turístico desde
hace tiempo, también podrá favorecer a la recuperación de los bosques
regionales, porque habrá cinco mil bocas menos que devoren renovales pequeños y
los brotes más tiernos de esos árboles, cuyo crecimiento demora largo tiempo,
debido a las condiciones climáticas que imperan “por estos pagos”, como diría
un paisano que se desempeña en el campo.
También serán cinco mil amenazas menos para los conductores
de vehículos motorizados que se desplacen por las rutas patagónicas, por los
caminos de Magallanes y por los de la Tierra del Fuego.
Pedro Velásquez, un transportista magallánico, ha visto de
cerca más de un accidente porque los guanacos saltan las alambradas en búsqueda
de su alimento “y no miran el camino para cruzarlo, cruzan no más y si uno no
va atento, los atropella. Los daños en los vehículos y en los pasajeros de
ellos, pueden ser muy graves y peor si uno trata de esquivarlos, porque se
puede salir del camino”.
Y no es coincidencia que el máximo dirigente gremial de los
ganaderos fueguinos, Rodrigo Filipic, se pronunciara en el mismo sentido que el
transportista porque “los guanacos sobrepasan las alambradas” y le disputan (y
le ganan) el alimento a las ovejas, comiendo este animal lo mismo que dos
ovinos. Por esa razón, pide el control de la población de guanacos salvajes,
señalando que “no queremos que se vayan, ya que siempre la ganadería quiere
convivir bien con la fauna nativa: el tema es que se controle, que sea una
población (de guanacos) menor a la que existe hoy”.
Los animalistas, por su parte, defienden el derecho de los
guanacos porque “ellos son animales autóctonos de estas tierras y se quiere
desplazarlos por una especie extranjera, porque las ovejas vinieron de otras
partes, hasta que las trajeron desde las islas Falkland o Malvinas, no había
animales ovinos en esta región”.
Por su parte, José Luis Cabello, médico veterinario y
consultor de Patagonia Wildlife, la cual se ha dedicado por años al uso y
manejo de fauna silvestre, advierte que “cuando las poblaciones no tienen
depredadores naturales, (el problema) se puede escapar de las manos y puede
haber problemas”.
El profesional coincide con otros especialistas en el
sentido de que, más allá de la ganadería, la masiva presencia de guanacos provoca un daño ecológico, que muchos
industriales de la madera ya consideran severo en algunos lugares de Tierra del
Fuego, por ejemplo, porque esos animales devoran las lengas de los renovales o
los brotes más tiernos y, así, impiden la regeneración de los bosques.
Las soluciones propuestas han incluido la captura de
guanacos y llevarlos a otros puntos del país, donde alguna vez medraron o
llevarlos a criaderos y cazarlos, para aprovechar mejor su carne, un alimento
calificado como “exótico” en los restaurantes de Europa. Además, sus pieles y
su lana tienen alta demanda en las industrias peleteras y hoy, en las de
tejidos orgánicos o naturales.
Erradicarlos a otros lugares protegidos, como el Parque
Nacional Llanos de Challe, en Atacama, donde hacen falta porque alguna vez,
vivieron en esa zona, conlleva el riesgo de que pierdan identidad genética
propia de la sub especie magallánica o patagónica.
No hay fecha precisa en el calendario de la caza autorizada
de guanacos magallánicos y fueguinos, primos hermanos de los que pueblan la
Patagonia transandina: todo el proceso se maneja con discreción para evitar
reacciones negativas de la comunidad y
de los grupos y personas que defienden los derechos de los animales, pero ya
hubo una experiencia exitosa hace unos meses cuando se autorizó la caza. En ese
caso, hubo procesamiento industrial y exportación de carne de guanaco a
mercados extranjeros.
Por ahora, los campos de las comunas de Timaukel; Porvenir,
Primavera, San Gregorio y Torres del Payne, seguirán siendo territorio de los
guanacos, hasta que las balas de los cazadores profesionales derriben a los
cinco mil animales, cuya caza ha sido autorizada por el Servicio Agrícola y
Ganadero (SAG).-