Desde hace 54 años, los magallánicos Sebastián Paillacar y María de La Torre, han estado felizmente casados. Un matrimonio que ha sido el pilar fundamental para la crianza de sus tres hijas: Susana, Claudia y Beatriz y también en la educación de sus nietos.
Sebastián fue egresado y luego profesor de uno de los liceos que, para su época, era uno de los más importantes de la Región de Magallanes: Liceo Industrial. Y, María, una mujer fuerte y sana que trabajó toda su vida en una empresa telefónica. Luego de su jubilación, decidió mantenerse vendiendo productos caseros.
Este matrimonio le ganó al virus, o más bien, Sebastián y María derrotaron al Covid-19. El virus que causa estragos en el mundo.
Ambos contagiados -por un integrante de la familia- estuvieron hospitalizados. En un momento se pensó que Sebastián, por sus enfermedades de base, iba a ser el más perjudicado, pero no fue así, fue María, el sostén de la familia, la más afectada por el virus SARS-COV-2.
El cambio de vida
Beatriz Paillacar, una de las tres hijas del matrimonio, cuenta el difícil proceso por el que pasó su mamá estando casi 1 mes entre la UCI del Hospital Clínico de Magallanes y la Clínica Universidad de los Andes, ubicada en Las Condes, Región Metropolitana.
“El virus atacó directamente el pulmón de mi mamá, se quedó sin respirar y tuvo que requerir ventilación mecánica el día siguiente en que las llevamos al Hospital Clínico”, relata Beatriz.
Su recuperación
Estando en el Hospital Clínico, un neumotórax afectó su organismo, pero afortunadamente fue tratado. Luego de ello, fue aeroevacuada a la Clínica Universidad de Los Andes. Allí estuvo intubada, y los doctores estuvieron apunto de realizarle una traqueotomía, pero no fue necesario por los corticoides y los antibióticos que pudieron mejorar su cuadro clínico. En ese momento, empezó la travesía para la Familia Paillacar – de La Torre.
“Todos los días nos llamaba el doctor Gino Bacigalupi. Él fue quien prácticamente le salvó la vida a mi mamá. Junto con el doctor Gonzalo Gazitúa, hicieron lo humanamente posible para que ella se mejorara, hasta que finalmente salió de UCI. Luego, estuvo cuatro semanas en Rehabilitación en Sala de Cuidados Básicos”, señala Beatriz.
Incertidumbre y regreso
El mismo día que el Coronavirus tocó la salud de los dos pilares de esta familia, todos se resquebrajaron. Sobre todo, porque María siempre ha sido una mujer activa, autovalente y el virus respiratorio debilitó su salud física y mental.
“El momento más difícil fue cuando nos llamaron para decirnos que, en cualquier momento iba a ser aeroevacuada. No sabíamos dónde era. Tampoco sabíamos si en esa Clínica (Los Andes) el tratamiento iba a tener un costo para nosotros. Ellos derivan a los pacientes y los familiares no tienen injerencia a opinar respecto de dónde los van a llevar”, precisa la magallánica.
Estando en Sala de Cuidados Básicos, la madre y también abuela magallánica pudo recibir la visita de sus dos hijas. Pero no todo fue fácil, ellas tuvieron que ver cómo su mamá estaba ida, desenfocada de la realidad. No podía caminar, hablar o moverse.
Pero con la ayuda de los profesionales de salud y con la ayuda de sus hijas, finalmente se recuperó y pudo regresar a su tierra puntarenense.