La historia del hombre que quiso estudiar sin poder escuchar

Javier Vidal tiene casi 50 años y su vida hace diez era relativamente normal.

Pero
con el tiempo, se dio cuenta que cada vez más la tele sonaba más bajo
de lo acostumbrado, pero le parecía normal, hasta que su señora notó que
había algo raro y lo llevó al medico.

“Yo
veía la tele con el volumen a 100 y para mi estaba bien. Pero mi señora
vio eso y me llevó al médico. Y ahí me dijeron que por el oído
izquierdo estaba todo perdido y por el otro me quedaba un 35 por ciento
de audición”, recuerda Vidal.

Lo peor fueron los primeros años.

“Estuve
dos años encerrado porque no quería saber nada. No sabía leer los
labios ni nada, entonces no podía comunicarme con las personas. Tampoco
sabía lengua de señas. De hecho, todavía estoy aprendiendo, pero ahora
se mucho más. El problema de todo esto es cuando uno sale a enfrentarse
al mundo. Porque en la casa la familia se acomoda a tu situación. Pero
cuando uno va a una oficina, banco, etc., ¿cómo uno puede explicarle a
la otra persona que no escucho bien? Sobre todo ahora en pandemia que
hay que alejarse de las personas y con las mascarillas no puedo leer los
labios. Fue todo muy complicado”, relata él.

Pero
con el pasar del tiempo se dio cuenta que no podía quedarse en su mundo
para siempre. Eventualmente tuvo las fuerzas para salir al mundo
exterior.

“Uno
se las tiene que arreglar como sea, hay que buscar la manera de meterse
de nuevo en la sociedad. Hay muchos problemas que uno tiene que no se
ven, pero hay que ser busquilla para todo. Uno no puede andar con un
cartel que diga que tengo discapacidad auditiva, y la gente también
tiene que aprender a compartir con gente distinta”, explica.

Estudiar sin escuchar

Hace
cinco años Javier decidió entrar a estudiar Podología en el Instituto
Santo Tomás. Al ingresar, la gente sabía que tenía una discapacidad
auditiva, lo cual le generó algunas complicaciones al principio, pero
nada que no tuviera solución.

Lo complicado llegó en su último año con la pandemia.

“La
verdad ha sido complicado este año vía online porque no le pego mucho
al internet. Y para poder entender las preguntas me tienen que decir las
cosas de frente. Por ejemplo, a veces hay una lectura que leo, pero que
no entiendo, y no tengo cómo decirle a alguien que me ayude. Y así voy
perdiendo la comprensión de todo. Me costaba tomar lo que me daban y
traspasarlo a un papel. Pero ahí fuimos usando otros métodos para poder
entender las pruebas y hacerlas. Y al no poder ver los labios de la otra
persona me complica mucho. Gracias a la ayuda de mi hija que me ayuda a
ver las clases pude mejorar, pero yo tampoco puedo depender de ellas si
también tienen su vida”, dice frustrado.

Sin embargo, logró terminar el primer semestre y ahora solo le falta la práctica profesional para poder titularse. Y además de su familia, le agradece a sus compañeros y profesores que lo han motivado a seguir.

“En
un momento estuve a punto de tirar la chala, pero mis compañeros me
ayudaron a tirar para arriba. Me decían que no podía irme y la profesora
fue vital, ya que ella me ayudó e hizo que me dieran ganas de seguir
adelante”, agrega.

Finalmente,
Javier quiere hacer comprender a la gente que no todas las
discapacidades son visibles al ojo humano y que la gente debe tener una
mejor comprensión.

“Ir
a estudiar de adulto y con una discapacidad es complicado. Y como la
mía no se ve a simple vista, la gente cree que no existe. Va a

costar mucho, eso es verdad, pero al final si es posible. Nunca olviden
eso. Yo ahora estoy haciendo unos portafolios y ad portas de titularme,
algo que hace 10 años nunca me lo hubiera imaginado. A veces hay que
lanzarse y luchar por lo que uno quiere”, concluye.

Javier
tendrá que esperar a que termine la cuarentena para poder seguir con su
vida, y demostrar que el único límite que existe, es el que uno se pone
a sí mismo.

Para ver la historia completa de Javier revisa el siguiente link: CLIC AQUÍ.

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