Con
cinco hijos, su madre enferma y la crisis política, económica y social
que vive su país, el venezolano José Guillermo Martínez López, nacido y
criado en Punto Fijo, estado Falcón, decidió salir de Venezuela en busca
de un sueño que no podrá cumplir, ya que en los próximos días será
deportado a su país de origen.
Aseguró
que es cocinero con experiencia y que no tiene prontuario policial y
que decidió venir a Chile para tratar de ayudar a su familia y poder
tener esa tranquilidad económica que le ayudará a saldar algunas
cuentas. Sin embargo, el no contar con pasaporte y tener su cédula de
identidad vencida, le jugaron una mala pasada al llegar al país.
-¿Hace cuánto salió de Venezuela y por qué lo hizo?
“Salí
de Venezuela hace aproximadamente un año y tres meses. Lo hice por la
situación que hay en mi país. La escasez de alimentos, delincuencia,
inflación, no se encuentran medicamentos y tampoco se consigue
transporte público. Todo es un caos”.
-¿Cuando salió tenía sus papeles en regla?
No
tengo pasaporte porque el Gobierno de Venezuela no lo permite, porque
según ellos hay escasez de papel, o no había material para hacer el
pasaporte. Y si lo hay, el trámite solo se puede realizar en Caracas
(capital de Venezuela), y estaban cobrando dos mil dólares
aproximadamente. Y obviamente el venezolano jamás gana dos mil dólares”.
-¿Cuál fue su primer destino?
“Me
fui a Maicao, Colombia, que es lo más cerca de Venezuela. Ahí llegue a
dormir en una plaza hasta que busqué empleo. Primero trabajaba vendiendo
agua, duré tres meses y me cambié a reciclaje chatarrero, donde trabajé
por seis meses. De ahí partí hacia Medellín. Llegué haciendo lo mismo,
trabajando en reciclaje de cartones, plástico y todo lo que conseguía en
la calle, incluso buscaba dentro de los basureros. Hasta que conseguí
trabajo en la misma recicladora (empresa), pero acomodando cartones”.
-¿De ahí se vino directo a Chile?
“Hice
varias paradas en Ecuador, Perú hasta que llegue a Santiago. Me
quedaba durmiendo en los terminales, porque ahí me bañaba, me cambiaba
de ropa y después seguía”.
-¿Cómo llegó a Santiago?
Primero
llegué a Tacna, en Perú, allí esperé tres días para pasar, porque no
tenía información y pensaba que aquí (Chile) te ayudaban como en
Colombia. Vi cómo devolvían venezolanos por cualquier cosa, y supe inmediatamente
que a mí me iba a pasar lo mismo, porque no tenía pasaporte y tenía la
cédula de identidad vencida. Como no tenía dinero para regresarme,
decidí pasar por pasos no habilitados, con tan solo agua y mi bolso de
ropa. Cuando logré pasar, unas personas me dieron un aventón hacia el
terminal de Santiago”.
-¿Y cómo llegó a Magallanes?
“De
Santiago me fui a Puerto Montt, de allí me vine por barco hasta Puerto
Natales, donde conseguí un empleo como cocinero por más de un mes.
Después decidí habilitar mis papeles, porque no tenía el conocimiento de
cómo era el proceso, porque pensé que era como en Colombia, que te
ayudaban a regularizar tu situación y decidí acudir a la Gobernación de
Puerto Natales. Cuando llegué a hacer mi proceso, inmediatamente me
dijeron que había infringido la ley.
Llamaron a la PDI, les expliqué mi
situación, me entendieron, pero me dijeron que había cometido una
infracción y que tenía que asumir las consecuencias. Me dijeron que me
iban a deportar, todavía no sé cuándo. Después de todo eso, la misma PDI
me trajo hasta el Hogar de Cristo de Punta Arenas, donde ahora estoy
viviendo”.
-¿Cómo se siente?
“Siento impotencia por no poder cumplir mi meta, que era trabajar
y reunir dinero para ayudar a mi familia que está en Venezuela. Como
dije, tengo a mi mamá enferma, cinco hijos y no sé qué hacer. Uno de mis
mayores miedos es llegar al aeropuerto de Venezuela (Maiquetía) y que
me pase algo malo, porque ahora estoy vivo, pero cuando llegue allá , no
sé qué pueda pasar”.