Juan y Balfi son amigos que están unidos por algo muy en común: la indigencia, conocida más elegantemente hoy en día como “situación de calle”.
Ambos comparten una suerte de choza (según el diccionario este término se aplica a “cualquier vivienda precaria hecha con materiales de desecho o de mala calidad).
Las circunstancias de la vida los encontró a ambos deambulando por las calles de Punta Arenas y hoy comparten una mejora, hecha de muy buena voluntad por voluntarios o patrullas que entregan asistencia a gente que vive en precarias condiciones, al final de calle Julio Villalobos con la futura vía Teresita de los Andes, al lado de la villa naval, en el sector Club Hípico.
El vecino Rosendo Ulloa Ulloa se contactó con el Departamento de Prensa de Pingüino Radio. La idea era dar a conocer la situación de estas personas, “porque vemos que esto va en desmedro de su calidad de vida. Una entidad de beneficencia les construyó una ranchita, con madera y nylon, pero su condición es paupérrima y eso como ser humano me indigna. No puede ser que en Magallanes, una región que se precia de tener una mediana calidad de vida, tengamos gente viviendo en estas condiciones. Es realmente vergonzoso y más aún cuando tenemos la calidad de ciudad turística”.
Indigentes
En “rosca, blanquita, juanito y trompita”, estas dos personas descargan toda su afectividad. Para Juan Cárdenas y Belfi Hernández estos perros lo son todo, porque las mascotas los siguen a todas partes y con ellos comparten lo poco y nada que tienen para comer. Esto representa el mejor signo de fidelidad entre el hombre y el perro.
“Con él (Belfi) estoy viviendo hace varios meses”, comentó Juan Cárdenas, y “los de la comitiva Puro Corazón nos traen cosas para comer”.
Mostrando un reducido espacio dice “ahí dormimos, tenemos unas frazadas, pero no pasamos frío”, esto gracias a que este invierno ha sido bastante benigno.
Haciendo un gesto con la mano, Cárdenas acepta su condición de indigente debido al licor. Sabe que tiene siete hermanos y que podría estar viviendo en la casa que dejaron sus padres ya fallecidos, pero su condición de calle se lo impide.
Para hacer más llevadero el día salen a hacer “unas changuitas”, como cortar el pasto, y así la jornada pasa un poco más rápida.
El amigo, Belfi, cuenta que para calefaccionarse encienden fuego y puso una lata gruesa para evitar un incendio con las casa colindantes. A la hora de preguntar cómo lo hacen para ir al baño, uno responde “para eso está la playa” y el otro dice que van a un albergue de día.
“Cuando me separé me vine de Castro y allá dejé una hija, que ahora debe tener unos 24 años y capaz que hasta sea abuelo y no lo sé”, nos dice con un dejo de tristeza.
En Punta Arenas hay muchos Juan y Belfi que deambulan por las calles, cada uno con sus propias historias de vida, pero no por eso evitemos ayudarlos o hacerles el quite.
Nota:Edmundo Rosinelli / Fotografía César Sandoval