Los puntarenenses y los visitantes pueden verlos desde muy temprano
recorriendo calles y avenidas, con sus carros, sus guantes, sus bototos, sus
chalecos reflectantes, su ropa de trabajo, sus cascos, sus lentes para el sol y
premunidos de palas, escobillones y el carro para recoger basura. La misión que
reciben de su empleador, la empresa contratista Áreas Verdes, es mantener las
calles y avenidas limpias; los pastos de los bandejones centrales de las
avenidas, cortos, y los árboles bien podados. Y en eso, prácticamente, no hay
reclamos porque la tarea se cumple a diario, incluso cuando las condiciones
climáticas casi no lo permiten. Roberto Alvarado Miranda, a sus 64 años, se
siente bien de salud y su tarea es la limpieza de la calle Mejicana, entre
O”Higgins y España. “Lo peor son los puchos de cigarrillos lanzados a cualquier
lado. Peleamos contra algunos cochinos y contra las achicorias. Claro que en
invierno es más fregado, cuándo llueve, cuando hay nieve, cuando hay frío, pero
se trabaja hasta que la empresa considera que no se puede más”, afirma quien
laboró por años en una empresa maderera, hasta que el “terremoto blanco” generó
problemas, es contratista de trabajos de pintura y así vive, disfrutando de su
familia que se ha ampliado ya a cinco nietos y una bisnieta. Dalmiro Bustamante
Mansilla representa muchos años menos que los 75 que tiene. Está casado, padre
de tres hijos, tiene un nieto y recuerda su Calbuco natal. Se le ve en calle
Chiloé, entre Independencia y Maipú, “cumpliendo con la pega” porque con el
sueldo que gana barriendo las calles “arregla la mochila” porque su pensión de
120 mil pesos da para pagar las boletas
de luz, agua y gas.
José Vera Pérez, viudo desde hace cinco años, vive solo y su área de
trabajo en la calle José Menéndez, entre Quillota y España y a sus 69 años,
prefiere estar solo, comenta mientras prepara sus elementos de trabajo, sin
haber olvidado a su ciudad natal: Castro, allá en Chiloé.
El supervisor, Hugo Reyes Tureuna, a sus 43 años, valora el aporte del
equipo que tiene a cargo: “Son responsables, trabajadores, y este trabajo es
difícil, especialmente en invierno, pero ellos tienen un 95 por ciento de
asistencia y casi no hay ausentismo laboral” en estos esforzados “muchachos”.
“Mire, yo trabajé con mi padre y él me enseño todo este trabajo: el cortar
pasto y podar los árboles y aquí estoy, aplicándole, con fuerza y alegría”,
afirmó Luis Cárcamo Velásquez, de 44 años, separado, “o sea soltero”, padre de
tres hijos. “El pasto crece en tres o cuatro días y a cortarlo. Y la poda de
los pinos, por ejemplo, arroja sorpresas: en medio de las ramas hemos
encontrado ropa interior femenina y masculina, colchones, cartones. Pensamos
que son los cabros más jóvenes los que construyen estos refugios, porque los
curaditos no son capaces de hacerlo. Se caerían y se sacarían la…”, agregó Luis
Cárcamo.
Por su parte, Alfonso Barría Ojeda, a sus 61 años se declara soltero
“pero por ahí no falta compañía”, mientras prepara su cortadora de pasto. “Este
bicho pesa 3.8 kilos, pero es una herramienta que ayuda y harto a cumplir las
tareas que nos entrega la jefatura. Hay que saber agarrarla y darle buen uso y
cuidado no más”, agregó.
Cierto: con algunas excepciones, casi todos los trabajadores que
hermosean la ciudad tienen edades que bordean los 60 y más años. Pero están activos,
“ganan sus sueldos y arreglan sus mochilas personales y familiares”.
Muchos de ellos tienen casa propia. Otros deben arrendar, pero se
sienten animosos, son responsables y no hacen el quite a la pega.
Tal vez, si estuvieran sin trabajo, en sus casas, dependiendo de sus
pensiones -obviamente insuficientes- estarían enfermos, “tullidos de cuerpo y
alma”, como ellos dicen, y, seguramente, “amargados como café sin azúcar”.
Pero no: usted los ve a diario cumpliendo sus tareas, contribuyendo a
que Punta Arenas se vea limpia y hermosa ya que, no por nada, debe seguir
siendo “La Perla del Estrecho”.