Hay numerosos cruces que están costando
vidas. Hay que hacer algo y luego, porque se ha hablado mucho y se ha hecho
poco. Además, que hay pistas por donde los automovilistas superan las
velocidades permitidas.
Pérez de Arce y avenida Costanera se ha
tornado un problema grave, especialmente en horarios de alto tráfico.
La bitácora policial, cada cierto tiempo y a
veces con demasiada frecuencia, consignan graves accidentes en los cruces de
avenidas y calles de Punta Arenas.
Es que la peligrosidad de algunos de esos
lugares se ve acrecentada por la audacia -a veces, casi suicida- de numerosos
conductores de vehículos motorizados; de otros que han ingerido alcohol, muchas
veces en exceso, y se encuentran bajo los efectos y guían, más de una vez, sin
la debida licencia, en manifiesto estado de ebriedad.
Es que, por ejemplo, la Costanera del
Estrecho es una vía tentadora para todos esos conductores: pavimentada, con
doble calzada, desde Pedro Aguirre Cerda, por el sur, hasta Tres Puentes, por
el norte, es decir, una pista de carreras de ¿diez? kilómetros de extensión.
Y la velocidad atrae y no se mide el riesgo
de la circulación de camiones pesados, otros automóviles o bien, como alguien
señaló “esos camioncitos Porter”, veloces, maniobrables, pero notablemente
duros y macizos frente a los autos modernos.
El sociólogo Pablo Hunneus (“Lo Impensable”,
¿“Qué te pasó, Pablo?, entre otros libros que ha publicado, incluso con el
patrocinio de la Universidad de Magallanes, el primero), en uno de sus
artículos acerca del “modus vivendi” de los chilenos, y por ende de nosotros,
los magallánicos, afirmaba que la industria japonesa (también la coreana del
sur y, más recientemente, la india), nos estaba transformando en “kamikazes”,
los pilotos nipones que lanzaban sus aviones cargados de bombas y explosivos
contra los barcos de los norteamericanos, durante la Segunda Guerra Mundial.