Hasta hace un tiempo, el Mal de Alzheimer era llamado, por la gente común, “demencia senil”, pero hoy en día, los aportes médicos y científicos, han determinado que más allá de los efectos de problemas en el funcionamiento del cerebro, ese problema de salud ha llegado a ser un drama.
En este drama, el actor principal, en la mayoría de los casos, es un adulto mayor de 60 años que va perdiendo facultades a medida que avanzan los años aunque la condición física de las personas -hombres y mujeres- se mantengan.
Los otros actores de este drama son las esposas, los esposos, los hijos y los nietos, e incluso, los amigos y otros familiares de esas personas, cuya angustia va creciendo día a día, a medida que van apreciando el deterioro de los pacientes afectados por el Alzheimer.
Señales
Las señales se manifiestan a través de lo que muchos denominan “malas señales”.
La primera de ellas es el cambio de memoria, ya que muchas personas recuerdan, cuando pueden, lo que ocurrió hace años, pero son incapaces de recordar lo que pasó hace sólo un par de días o, peor aún, sólo ayer.
En ocasiones, como le sucedió a Mirtha F.R. con su madre, “almorzamos sin novedad alguna, nos acordamos de su hermana menor, que una semana después celebraría, sus 78 años. Mi madre cumplió 80 en enero pasado, pero en la tarde, a eso de las 7, fue como si se hubiera ‘borrado’, se fue hacia adentro, y sigue así hasta el día de hoy, y cuando habla, balbucea incoherencias”.
Otras señales apuntan a la desorientación en el tiempo y el lugar donde se encuentran, por ejemplo, don Benjamín, a los 73 años, se levantaba a las cinco de la mañana, tomaba una pala y partía al jardín, listo, según él, “para sembrar papas, porque aquí, en los terrenos de la familia (cerca de Curaco de Vélez), la tierra es muy fértil”, contó Juan Carlos A., quien reside en el Barrio 18 de Septiembre junto a su padre y a su madre.
También presentan problemas en el uso del lenguaje, hablado o escrito. “Mi abuela Rosita tenía una caligrafía preciosa, pero después de un tiempo y hasta su muerte, hace un año ya, sólo hacía rayones y borrones”, contó Angelita, con evidente tristeza.
“Rosendo siempre fue una persona metódica, ordenada, responsable y trabajadora, pero al acercarse a los 68 años de edad, dejaba los lentes en cualquier parte; no volvió a ordenar sus herramientas y menos sus zapatos y sus ropas”, recordó su ahora viuda, desde hace dos años, y que pidió que ni siquiera mencionáramos sus iniciales.
Y la lista podría ser más larga. Incorporar más casos. Poner muchas más iniciales, porque no son pocos los adultos mayores afectados por el Alzheimer, especialmente en nuestra región, donde su número es notablemente más alto que en otras regiones del país.
Pero se hace necesario dar a conocer otras señales de la ominosa presencia de este mal: los cambios de humor son cada vez más frecuentes y también empieza a darse una especie de abandono en la presentación personal y no es por carencia ni de baño, ni de artículos de aseo o de vestuario adecuado, es simplemente, olvido de antiguos hábitos.
También pueden presentarse pérdida de buen juicio, es decir, acusaciones y reparos a quienes estén cerca de ellos; “la comida está de mal sabor” o “estas papas están mal cocidas” o bien “te has vestido como p…”, solía reclamar a Edita G., su esposa, el tío José C. y Pablo C.G., aún funcionario de la ENAP, fue testigo de esas situaciones que duraron hasta que su tío falleció de un infarto mientras regresaba a su pueblo natal, en Angol, hace tres años.
“Mi papá, siempre tan activo, de un día para otro, perdió la iniciativa y se quedó sentado en una mecedora desde que se levantaba, y se olvidó de sus plantas, de sus perritos y de su familia. Hablaba muy poco y se alegraba sólo cuando veía los partidos de Colo Colo en el televisor, si hasta los demás no le llamaban la atención, ni siquiera Alexis Sánchez o la selección”, contó Pedro L. M., mirando a su progenitor del que dice que “ya no está aquí, pero está y se le ve sano, pero se quedó ahí”.
Uno de los testimonios más emotivos y que se hizo público, fue cuando el ex ministro Carlos Massad accedió a contar el caso de su esposa ante las cámaras de la televisión, pero quienes viven calvarios parecidos en esta región, resguardan su intimidad y se alteran al ver una cámara fotográfica, pero el drama está y, además, quienes tienen a su cargo las residencias para adultos mayores saben muy bien lo que escribimos y de la actitud de los familiares de quienes son víctimas del Mal de Alzheimer.
Un caso reciente
El caso más reciente de lo que puede ocurrir con uno de esos adultos mayores fue el de Rosamel Currieco Rogel, de 80 años de edad, quien durante el día recibía las atenciones, compañía y resguardo de sus familiares, pero que por las noches quedaba solo, con el portón de su casa cerrado.
Todo bien hasta que ese portón quedó abierto y don Rosamel salió a la calle, con rumbo, hasta ahora, desconocido.