El director ejecutivo nacional del Hogar de Cristo, Juan Cristóbal Romero Buccicardi, ingeniero civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, casado, hijo de un ingeniero y de una profesora, con nuestro diario del viernes en las manos, se sintió dolorosamente sorprendido por el caso de un matrimonio, con dos hijos pequeños, que sobreviven en un bus habilitado como casa, con todo lo que ello significa.
¿Cómo define la pobreza?
Junto al ejecutivo regional de la Fundación, Mario Oyarzún, reflexionó acerca del hecho y definió la pobreza como “una vulneración de los Derechos Humanos” de esas personas, de esos niños, porque carecen de vivienda, de educación, tal vez de lo más mínimo, debido a la situación que ha tenido que enfrentar la familia venida desde Puerto Montt, en busca de mejores horizontes, lo que no han logrado.
“La pobreza de esta familia es el mejor ejemplo para ilustrar la vulneración de los derechos básicos de las personas. Derecho a la vivienda, a una escuela, alimentación, al derecho a integrarse libremente a la sociedad”, reiteró en forma enfática el ingeniero Romero.
-¿Mucho tiempo en esta tarea?
“Mientras estudiaba ingeniería en la Universidad Católica de Chile tuve un contacto transformador cuando, como voluntario, trabajé en el proyecto “Dos mil mediaguas para el 2000”, anticipo de lo que se conoce como “Un Techo para Chile”; descubrí mi vocación de servicio que, desde hace unos veinticinco años, he puesto a disposición del Hogar de Cristo”.
-¿La sociedad chilena cómo percibe la pobreza?
“La pobreza no está en la agenda – país, en un país en que se escucha a los que gritan más, está en un segundo orden. Pero las personas en situación de calle, los adultos mayores postrados, los niños del Sename vulnerados, no salen a marchar, no son oídos”.
Y agregó que “el Gobierno, el Estado, no está pendiente de ellos y, para la mayoría de las personas, la pobreza sólo se ve cuando la realidad nos golpea y los que más gritan son los que más consiguen. La pobreza se lleva con dignidad, en silencio”.
-¿Y el Hogar de Cristo qué espera?
“El Hogar de Cristo es testigo de esta realidad y es por eso que hacemos un llamado urgente para que enfrentemos la pobreza, como familia, como sociedad, porque no basta con decir que la pobreza es sólo una carencia de bienes o de falta de oportunidades”.
Y vuelve a citar al Padre Hurtado para indicar que más allá de las reformas económicas, tributarias y tantas otras, “es preciso asumir un cambio personal, ya que urge un cambio en las conciencias, en el corazón” y reconocer que los derechos humanos de los jóvenes que caminan aquejados por el consumo de alcohol o de drogas constituyen una forma de vulneración a su condición de personas.
Un cambio urgente
El Hogar de Cristo espera que ese cambio se produzca, que haya muchas personas que se incorporen al trabajo con los adultos mayores postrados, enfermos, por sobre todo, de soledad y de abandono de sus familiares, que a nivel nacional suman más de dos mil y que en Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir existen decenas de esas personas a las que se está prestando ayuda, apoyo y compañía, señalaron Juan Cristóbal Romero y Mario Oyarzún.
El costo
“El costo de mantener en funciones el Hogar de Cristo en Magallanes asciende a 1.000 millones de pesos por año, de los cuales, el Estado financia el 30 por ciento, pero los otros millones son aportados, en parte, por los donativos y aportes de los 2.700 socios magallánicos y, confiando en que Magallanes asuma una responsabilidad solidaria, nos ayude más, porque los 660 millones que faltan son aportados por otras regiones del país y así, superar el déficit actual que cada mes es del orden de los 250 millones de pesos”, explicaron los representantes del Hogar de Cristo.
Las estadísticas
“La pobreza, de manera estadística, se muestra como multidimensional y como por carencia de ingresos, y esos dos conceptos reúnen a un total del 30 por ciento de la población de nuestro país”, explicó el ingeniero Romero.
Y la cifra es golpeadora, porque -pese a los anuncios oficiales- desde hace años y sin tomar en cuenta la posición de quién lo haya dicho, la pobreza, en la actualidad, afecta a más de cuatro millones de chilenos, es decir, uno de cada tres de los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra.
Razón más que suficiente para incorporarse como socio del Hogar de Cristo, como voluntario de sus diversos programas, como vocero de esta institución creada hace ya más de setenta años por el sacerdote jesuita Alberto Hurtado, sí, el que decía, fuerte y claro, que había que dar hasta que doliera.
Un anticipo
Un anticipo de lo que después y no hace mucho, pudiera encontrarse, en su esencia solidaria, en una frase del Papa Juan Pablo Segundo, canonizado como el sacerdote chileno, ése, el de la camioneta de color verde (¿esperanza?): “Los pobres no pueden esperar”.
Y para acortar esa espera, ¿no será hora de hacerse socio del Hogar de Cristo en Magallanes?
Respuesta urgente
La respuesta, estimados lectores, está en sus conciencias pero, por sobre todo, en sus corazones, porque “hay que dar hasta que duela” y así, cada noche, las estrellas parecerán brillar más, los amaneceres serán más luminosos; las miradas de los niños vulnerados tendrán tanta alegría como las de nuestros propios hijos e hijas y los adultos mayores abandonados, enfermos de soledad y postrados, nos harán un regalo maravilloso: una sonrisa y un apretón de manos, con dedos, tal vez, sarmentosos por la artritis, pero cálidos y cariñosos aunque ya estén en el ocaso de sus vidas.