La
rapidez con que un puñado de conquistadores españoles desmanteló las
estructuras de poder de los pueblos precolombinos, formados por millones
de personas, no se debió solo a su superioridad militar, sino también a
las enfermedades que traían consigo y ante las que las poblaciones
indígenas carecían de defensas.
En
cambio, cuando casi tres siglos después otros europeos, en este caso
tropas francesas, llegaron a Haití para reprimir la revuelta de los
esclavos, cayeron derrotados por una terrible epidemia y no pudieron
hacer nada para evitar la independencia. No son excepciones; como
recuerda hoy la expansión del Coronavirus, las enfermedades han tenido
un papel crucial en la historia.
“La
observación histórica nos lleva a la conclusión de que los gérmenes y
las infecciones han dado forma a la humanidad”, el autodenominado
“biogeógrafo” Jared Diamond , cuyo libro “Armas, gérmenes y acero”
plantea interesantes postulados.
En
dicho texto, ahondaba en el peso de factores como las epidemias o las
ventajas tecnológicas en el auge y desaparición de las civilizaciones.
La influencia de las enfermedades en las sociedades ha sido
históricamente muy diversa y en ocasiones se ha expresado de maneras
insospechadas. Estos son algunos ejemplos.
Pequeños invasores
“Los
gérmenes introducidos por los europeos tuvieron un papel fundamental en
las conquistas contra los nativos americanos, los habitantes de las
islas del Pacífico y los aborígenes australianos, matando muchas
personas más que las armas de los conquistadores”, señala Diamond.
Este
autor cree posible que una epidemia allanara el camino para que “se
precipitara la conquista de Europa por parte de los pueblos indoeuropeos
hace 5.000 años”. “Debido a esa invasión los españoles y muchos otros
europeos hoy hablan castellano u otros idiomas de origen indoeuropeo, en
lugar de euskera y otras lenguas utilizadas por los predecesores de la
llegada de estos pueblos a Europa”.
Vuelco social
La
peste negra que a mediados del siglo XIV asoló Europa es famosa por
haber acabado con la vida de decenas de millones de personas (entre un
30% y un 60% de la población), aunque el impacto fue enorme también en
Asia y África. En el continente europeo, la recuperación no consistió
simplemente en que se recobraran los niveles de población anteriores,
sino que se produjeron grandes transformaciones de tipo cualitativo.
La
mortandad y las corrientes migratorias provocadas por la epidemia,
causaron una caída de la mano de obra disponible en el campo. Los
propietarios tuvieron que arrendar sus tierras o bien pagar salarios a
agricultores
para que las trabajaran, con lo que el sistema feudal se debilitó, al
tiempo que las clases burguesas acumulaban más capital y, en general, se
producía un gran esfuerzo tecnológico para sustituir la fuerza de
trabajo desaparecida. Todo ello fueron contribuciones decisivas al caldo
de cultivo que llevó al Renacimiento.
Economía
La decana
de la facultad de medicina de la Universidad James Cook, en Australia,
Maxine Whittaker, recordaba en un artículo el llamativo caso de la
quinina. En 1623, la muerte de diez cardenales en Roma llevó al papa
Urbano VII a exhortar a Occidente a encontrar una cura para la malaria.
El
descubrimiento, pocos años después, de las propiedades de la quinina
movilizaría tiempo después a las grandes potencias imperiales para
hacerse con el control de la mayor cantidad posible de ella con el
objetivo de poder consolidar su expansión y garantizar su potencia
militar en zonas donde este mal estaba presente. Obtener esta valiosa
sustancia se convirtió en sí misma en un instrumento de poder político
y, a su vez, en un estímulo para seguir ampliando el control sobre
nuevos territorios. Las pandemias no son algo nuevo pero sí los procesos
que pueden llegar a generar, cambiando paradigmas, sistemas e
instituciones.
Jared
Diamond ha visitado en diversas ocasiones Chile, con propuestas
provocativas que encuentran hoy realce en el actual contexto sanitario.